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Jesús Andrés Pico

EL JUEGO INFINITO

Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa o, como diría un alumno aventajado de Juan de Mairena, lo que pasa en la calle, resulta más fácil de relatar si enfrente  hay una persona, real o ficticia, a quien hacer partícipe, explicárselo, dicho sea en lenguaje llano. Amelia cumplió esta función durante el pasado año y a ella, o a ti, lector, que te pusiste en su piel, van dirigidas estas palabras, reflexiones o narraciones de lo sucedido o soñado con cierto aire de realidad. No será ya una carta, más bien una especie de  artículo periodístico sin semanario que lo publique, una no ficción, crónica o mini ensayo para mantener la variedad de los golpes. Ilustres precedentes hay. Y maestros de quien aprender.

En Poesia a Trenc d’Alba comenzamos el año con inusitado brío. Rompimos el jueves 9 la primera lanza de la Poesía al Carrer que pretende llevar a la calle las  bárbaras, terribles, amorosas crueldades, esa arma cargada de futuro de Celaya. Es el Racó del Campanar de Sabadell el lugar elegido para, una vez al mes, sacar los versos y colgarlos en el aire para deleite de transeúntes curiosos y  viandantes aficionados. Y allá nos fuimos, pese al frío reinante. A las siete de la tarde montamos la megafonía, se repartieron folletos e invitamos al personal  a colaborar, aunque un solo valiente se atrevió a hacerlo. Acompañados por la guitarra de Pepe y el violonchelo de Laura, ¡qué frío en las manos y qué delicia en el aire!, hicimos hasta tres rondas de poemas y canciones. La idea final era solidarizarnos con la Roda de la Pau que cada jueves, frente al Ayuntamiento, mantiene un cuarto de hora de silencio por la paz del mundo. El acto finaliza a las nueve de la noche. Y a esa hora terminamos nosotros con frío en los huesos y calor en el corazón.  Al día siguiente, en Lliçà deVall y ante un nutrido público silencioso y expectante, retomamos los recitales temáticos. Con tres heridas, para recordar a Miguel Hernández, fue el montaje elegido. La larga ovación final al músico  y a los cuatro rapsodas que intervenimos, las efusivas felicitaciones y alguna lágrima derramada, contribuyeron a fijar en la memoria del grupo este recital como ejemplo de superación y bien hacer. Vendrán otros, Federico García Lorca el 25 en Torre Romeu y Jesús Andrés Pico, en Barberá del Vallés, el 31. El listón está alto, pero la calidad de los intérpretes también lo está. Federico ya tuvo su bautismo de fuego con notable éxito el pasado año y sólo puede mejorar.  En cuanto al recital de Barberà que lleva por título De  donde nace el viento, sé que las voces de Araceli, Carmina y María pondrán alas a mis poemas para que vuelen, inmensamente libres, a los acordes de Pepe Hernández y Alfredo González. Al  tiempo.

Y el tiempo, implacable y tenaz, como el viento que se lleva las semanas, se nos llevó el viernes 10 a José María Verde, Pepe, esposo de Ana de la Arena, el tiempo y las dolencias que éste acarrea y van minándonos la salud. Tras su fallecimiento nos llega una nota de prensa desde su tierra natal, de la que reproduzco algunos párrafos:

"José María “Pepe” Verde falleció en Barcelona el pasado viernes. Siendo Secretario del Tribunal de Menores, ocupó el cargo de Secretario General de la departamental Mar del Plata de la AJB hasta el 29 de abril de 1976, fecha en la que fue exonerado del Poder Judicial bonaerense a través de la aplicación de la “Ley de Prescindibilidad” implementada en el empleo público por la última dictadura cívico militar contra militantes políticos y sindicales.

Sin embargo, la persecución contra Verde no culminó una vez que fue obligado a ejercer su profesión de abogado. El 13 de Julio de 1977 fueron secuestrados junto a su esposa en su domicilio y conducidos al centro clandestino de detención “La Cueva”, durante la tristemente célebre “Noche de las Corbatas”. Una vez liberados, fueron forzados al exilio y partieron hacia Barcelona, ciudad donde Verde vivió junto a su familia hasta el momento de su fallecimiento.

El fallecimiento de José María Verde no borrará de nuestra memoria histórica, como judiciales y como trabajadores y trabajadoras, la emblemática figura de un militante que es ejemplo para las generaciones presentes y futuras de nuestra organización.

¡Hasta siempre Compañero!"

Sabíamos que vinieron de Argentina, pero poco más. Ana, compañera que nos cautiva con su voz, sus cuentitos, sus poemas…, últimamente estaba entregada en cuerpo y alma al marido enfermo y apenas nos veíamos. Pepe, en tiempos más bonancibles, la acompañaba a los recitales y era uno más de nuestra lírica familia. Pero nada sabíamos de su lucha y sus cárceles.

Lamento no haber tenido tiempo de tratarlo más. Se fue y nos quedó pendiente una partida de ajedrez y alguna charla que ahora jugará y tendrá con Borges para desentrañar el misterio de este juego infinito en que todos ocupamos nuestro lugar en el tablero:

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

Jorge Luis Borges "Ajedrez"

 

Publicado la semana 107. 19/01/2020
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