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Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .48

Singular Amelia,

Durante el pasado verano, en las noches valencianas, descapotables y lúdicas, nos acompañaba, por mor de la tecnología digital, Alex Clavero, el francotirarock, con sus profundas y divertidas aserciones, disertaciones, pamplinas, breverías o como quieras llamarlo, tiros directos a la línea de flotación de un mundo de prisas y penurias que por yutube circulan y que escucho ahora cada mañana cual ingeniosa inyección de vitalidad y humor para afrontar el día con garantía de sobrellevarlo con dignidad. Alex Clavero, a quien descubrí hace un par de años, es humorista y vallisoletano, razón de peso para caer bien en cualquier sitio. Y es que Valladolid y provincia está muy bien representada en esto de caer en gracia. Ahí están los chicos de UPF (Humor de protección oficial) y Leo Harlem, que es vallisoletano de adopción, como lo fue Paco Umbral. Humorista fue Manolo de Vega, que también cantaba lo suyo. Y en el cine y el teatro nos hizo reír Emilio Laguna, nacido en la ciudad del Pisuerga y criado, como yo, junto al Duero, en nuestro querido Sardón. Y, puestos ya sobre las tablas, qué te voy a decir de estas dos grandes de la escena, que aún están en activo, Lola Herrera y Concha Velasco. Es oír sus nombres y se me eriza el vello por todo el cuerpo, hasta donde no tengo. En un terreno más erótico, Margarita García San Segundo, se lleva la palma en la Pucela de mis entretelas. Y es que fui yo un adolescente de posters por las paredes, con las desnudeces que la censura permitía y tu rostro superpuesto a las despampanantes figuras, por aquello de que soñar no cuesta nada. Tan lejos estaba de ti como de aquellos cuerpos de ébano, por eso escribí:

Me miran tus ojos altos,

me reta tu desnudez:

“Ven… Atraviesa el papel…”

Tus pies también están altos…

¡Yo no podré subir!

Si te bajo, se romperá el encanto.

¡Ay, si yo pudiera subir!

 

Y ya lo dijo Alberti aunque, probablemente, entonces aún no lo había leído:

Mi adolescencia: la locura

                  […]

Ante la forma, era mi estado
de pura gracia y de blancura,
peregrinante a la ventura,
libre, dichoso y maniatado.

Incontenible, aunque indecisa,
la línea en curva se dispara
como si un pájaro jugara
con el contorno de la brisa.

                [ …]

Nada sabía del poema
que ya en mi lápiz apuntaba.
Venus tan sólo dibujaba
mi sueño prístino, suprema.

Feliz imagen que en mi vida
dio su más bella luminaria
a esta academia necesaria,
que abre su flor cuando se olvida.

Pintada, no vacía estaba la pared de aquella casa. Pintada con los colores de los sueños y la ilusión intacta en el Valladolid de penicilinos y zapatillas. Y es que en Pucela somos muy singulares, Amelia mía, maja apeada del pedestal del muro que levantó el deseo antes de desembocar con alevosía nocturna y alcohol en la calle Padilla que, lejos de Villalar, intentaba mantener erguida su dignidad decapitada. Yo entonces me debatía entre las letras y la ciencia, la tecnología y el sexo. Vivía en una singularidad gravitacional. Sabido es que la ciencia y la poesía tienen muchos puntos en común. Y Valladolid es ciudad de buen saber, buen yantar y mejor beber. Y de buena poesía. A los clásicos, Zorrilla, Núñez de Arce, Guillén, cabe añadir a Francisco Pino, y a Fermín Herrero y Boris Rozas, estos dos últimos, aunque no son vallisoletanos de origen, escriben y trabajan en Valladolid. Hay más que ahora no me vienen a la memoria. Y en otras disciplinas, recuerdo, por supuesto, a Vanesa Muelas, a Eliseo Parra y al zamorano Joaquín Díaz, a Celtas Cortos y Helena Bianco, a Mariemma y Vicente Escudero, que tiene calle en la ciudad, a Aurora Bautista y Emilio Gutierrez Cava, a Rosa Chacel y Gustavo Martín Garzo, a Luguillano y Roberto Domínguez, a Inés Sastre y Juncal Rivero, a Henar Alonso – que nació en Sardón- y Luis Miguel Gay –que fue alumno mío.- Hay un nutrido grupo de artistas, escritores y poetas que lo hacen muy bien y muchos de ellos comparten amistad con este poeta que vuelve cuando puede a beber el agua de las fuentes y el vino de las bodegas. A eso, a bien comer, a pasear por el territorio de la ausencia, como dijo Ramón García Mateos y a leer El Norte de Castilla, decano de la prensa diaria. Pero no es sólo Valladolid; tú sabes que me encuentro a gusto en cualquier parte de esta España nuestra donde haya vivido, trabajado o, simplemente disfrutado unos días de asueto.  En los últimos tiempos, la poesía me permite viajar, conocer gentes y lugares y pensar que la vida, después de todo, no es un lugar tan malo para vivir, sobre todo si se es de Valladolid. Se es de Pucela, y se ha amado alguna vez a cierta madrileña singular. 

Publicado la semana 100. 29/11/2019
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