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10
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Poesía
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A ti, mujer, que me diste la vida tal vez sin desearlo

y, por ser hombre, me quisiste más, de otra manera, que a mis hermanas,

víctimas como tú de la fuerza soterrada, el aliento putrefacto

de los dioses que usurparon el vientre de la Tierra.

A ti, mujer, que ponías la mesa y cuidabas de tus hermanos

mientras tus padres trabajaban por un mísero jornal

y la escuela era para ti un lugar prohibido,

que ibas a misa los domingos y adorabas al dios de los esclavos

entre agujas, golpes y fogones.

A ti, mujer, descanso del guerrero, sustento del varón,

urgencia del marido, paridora de hijos,

culpable original de la ignominia,

que sufriste en tus carnes el maltrato del hombre,

la violencia del hombre, la impotencia del hombre

superior por decreto y corpulencia innata.

A ti, mujer violada de niña, de joven, de adulta,

objeto del deseo, paño de semen,

prostituta a la fuerza por sagrado designio.

A ti, que has muerto quemada en una hoguera,

al dar a luz o rebelarte contra el destino injusto que te ataba

a un hombre de por vida como un objeto que se usa y se tira.

A ti que sufres aún ablaciones, fanatismos, impuestos dioses,

leyes  aberrantes, indiferencia, olvido

y crueles castigos por los crímenes de otros.

A ti que has sabido caminar con los tiempos,

luchar para que cambien los vientos, las mareas

y has quemado tu vida para sentirte libre

y dar la libertad a la mujer que viene,

que amas, sin miedo, a otra mujer

y luchas todavía con vigor por un mundo,

una sociedad más justa de personas que se aman,

que trabajan iguales, idénticas disfrutan

y viven codo a codo, beso a beso, lágrima a lágrima.

 

A ti, mujer, te ofrezco

no la flor ni la rosa que siempre te ofrendaron,

no el nombre femenino de las cosas,

no el cuenco que recoge las lágrimas que aún derramas,

no la noche con luna donde el amor se miente,

no la luz del día que no me corresponde,

no la bandera izada del recuerdo y la lucha,

ni siquiera estos versos y las sinceras palabras

que brotan como los besos, que como el llanto nacen

del corazón herido, los labios y los ojos solitarios, resecos.

No.

        La mano abierta te ofrezco,

la mano que recibe el sol y la semilla.

Dame tu mano cómplice, equitativa, amiga,

la lluvia nocturna de tus dedos y caminemos.

 

Nota.- No era este el texto qe correspondía al presente golpe. Ultimaba una nueva entrega de mi asesino, cuando, en vista de la fecha y de una noche inquieta se me vino a la mente otro tema y hube de levantarme a esbozarlo para que los fantasmas del sueño no se lo llevaran como tantas veces ocurre. No es un poema, aunque lo clasifique como tal, le falta elaboración, aunque tiene el valor de lo inmediato. Y así queda, como un espontáneo homenaje a la mujer y a su lucha por la igualdad, que es también la mía.

Publicado la semana 10. 08/03/2018
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