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08
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La vecina de Elvira se queda encantada con el niño. Ella tiene tres hijos ya mayores y cuidar de un bebé es algo que le encanta. Además, así tiene algo que hacer diferente a limpiar y cocinar para su marido y sus hijos.

Elvira sale corriendo hacia la lavandería. En el portal se encuentra con la chica, a la que no le da tiempo ni de soltar sus estúpidas explicaciones del porqué de su retraso. Elvira corre, corre todo lo que puede, y aún así llega un cuarto de hora tarde, aunque hoy tiene la fortuna de que su jefe aún no ha llegado. Menos mal. Tal vez se atreva incluso a pedirle la tarde libre para poder llevar al niño al pediatra.

Nada más entrar se cambia de ropa y sale a atender a una clienta. Mientras charla con ella, ve a un vagabundo comiendo un pedazo de pan junto a la puerta de la lavandería –nunca nadie le preguntó por su mujer y su hija, tan guapas ellas, tan enamorado él, ¿por qué tuvo que ocurrir así?–.

Elvira deja las prendas recién traídas para lavar y llama por teléfono a su vecina ahora que no está su jefe. El niño ha dejado de llorar y eso la tranquiliza. Cuelga rápido pues ve que él está a punto de entrar. Él no es un jefe amable, aunque tampoco es demasiado malo. Elvira los ha conocido peores. Pero es el primer trabajo que encuentra tras el nacimiento del niño, y no puede arriesgarse a perderlo.

Hubo un tiempo en el que Elvira fue muy feliz, cuando salía con Luis, su antiguo novio del pueblo, su novio de toda la vida. Pero aquello terminó. Luis se fue a estudiar a otro lugar y el tiempo pasó. Pasó irremediablemente y las cartas semanales se convirtieron en una postal por Navidad y finalmente el humo de la hoguera del amor se desvaneció en el aire. Elvira se sintió triste, y aún sigue así, aunque su niño le llene ahora totalmente.

Elvira no lo sabe aún, pero sus problemas no acaban sino empezar. Una madre lo es para siempre, hasta el final de su vida, o hasta el final de la vida de su hijo si una desgracia hace que el hijo muera antes que la madre. Y aun así, ella seguirá siendo madre, pensará en su hijo muerto siempre, y se preocupará por lo que pudo haber hecho en vida y no hizo, o por lo que hizo y no debió hacer.

Un anciano interrumpe los pensamientos de Elvira. Le entrega el resguardo y Elvira le trae un vestido de mujer muy elegante que él había dejado para limpiar.

Publicado la semana 8. 20/02/2018
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