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06
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Al entrar Carlos en la oficina, ve a Juan Mari, su amigo, y le invita a un café. Bajan juntos a la cafetería de la esquina, y al salir del portal un vagabundo se aparta para dejarles pasar –si tan sólo le hubiesen comprendido, si tan sólo hubiesen hablado con él. Pero hace ya tantos años…–.

–¿Qué te pasa, Carlos? Te veo nervioso.

–Estoy en un buen lío, Juan Mari. Le he engañado a Mamen.

–Pero, ¿cómo has podido? Cuando se tiene una mujer como la tuya se hace cualquier cosa por conservarla para siempre.

–Ya, ya sé. Pero fue todo tan rápido, y ella era tan atractiva. Nunca hubiese pensado que yo haría algo así, pero fue superior a mí, no lo pude evitar, es como si hubiese perdido la cabeza cuando vi a aquella mujer, Juan Mari.

–¿Te acostaste con ella?

–No te lo puedes ni imaginar. Si se lo oigo contar a otro pensaría que está fanfarroneando, pero, es increíble la capacidad sexual que se tiene cuando se está tan excitado.

–Vale, no me cuentes más, me lo imagino.

–No, no te lo imaginas. Fue algo... Casi toda la noche...

–Y qué le has dicho a Mamen, ¿o no se lo vas a decir?

–No sé qué es mejor. Todavía ni la he llamado.

–¿Me quieres decir que has pasado la noche fuera y tu mujer no sabe dónde has estado y que no la has llamado siquiera?

–Menudo lío, ¿no?

–Pues llámala ahora mismo.

–Sí, sí. Es lo que quiero hacer desde que me he despertado, pero… ¿Qué le digo? Si le confieso la verdad lo más seguro es que me deje, y yo la quiero mucho. Y no sé qué historia inventarme para salir del paso.

–Pero estará preocupadísima. Llámale aunque sea para decirle que estás bien y luego le cuentas algo, no sé, lo que sea.

–Ya, ya, pero es que no me atrevo.

–Pues la llamo yo, y me invento algo, no sé, le digo que has llamado a la oficina y que...

–No, no quiero que mientas por mí. Luego se podría enterar y saldrías perjudicado. Bien la voy a llamar ahora y ya se me ocurrirá algo.

Carlos saca el móvil del bolsillo y empieza a marcar su número. Pero lo apaga de nuevo. No sabe ni cómo decirle que está bien. Ella se va a enfadar y él está demasiado ofuscado como para decir algo coherente y acordarse después de lo que le ha dicho. Piensa que lo mejor es decir la verdad y esperar que Mamen sea comprensiva. Pero, ¿cómo va a ser comprensiva una mujer maravillosa a la que le han traicionado con una desconocida?

Carlos está a punto de caer en la desesperación. Juan Mari intenta tranquilizarle para que Carlos sea razonable y llame a Mamen lo antes posible. Cuanto más tarde lo haga, le explica, más difícil le va a resultar salir del atolladero en el que se encuentra.

Por fin Carlos se arma de valor y empieza a teclear su número. Mientras lo hace, piensa en lo que va a decir. Lo primero es que Mamen vea que está bien. Le dirá que tuvo una avería en el coche, que estaba con un cliente muy importante, que éste le invitó a cenar mientras le arreglaban el coche, que algo le sentó mal, que... Carlos cada vez está más nervioso. Sabe que Mamen nunca se creerá esa historia. Lo mejor es que le diga la verdad y suplicarle que no le deje.

Finalmente aprieta la última tecla y el tono de llamada va entrando en el cerebro de Carlos, haciendo que con cada sonido su corazón se acelere más y más. Y cuando Carlos está a punto de colgar una voz femenina, vacilante, temblorosa, responde al otro lado.

–¿Sí?

–Mamen, soy yo. Perdona que no te haya llamado hasta ahora.

–Lo siento, pero se ha confundido –contesta una voz silenciosa de mujer.

Publicado la semana 6. 05/02/2018
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