Semana
43
Javier Sánchez-Beaskoetxea

Aquella sonrisa perfecta

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Relato
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Solíamos coincidir en el autobús de la Uni. Ella no era lo que se dice una chica guapísima, pero su sonrisa cuando yo le cedía el paso en la puerta me tenía atrapado desde la primera vez que me la ofreció. Era una sonrisa tan perfecta. ¡Y era para mí!

Sus ojos eran alegres y su sonrisa enigmática, de una rareza sin par, que me obligaba a no apartar de ella mi mirada. Siempre supuse que era alumna de alguna carrera de ciencias, quizás Físicas o Químicas. No sé. Tal vez por los libros tan técnicos que solía leer en el viaje. A mí me gustan las ciencias, pero me iban más las letras, por eso estudiaba Periodismo.

Como os decía, solíamos coincidir en el autobús, pero nunca había hablado con ella. Yo siempre he sido muy tímido, y sobre todo lo soy mucho más con las mujeres por las que me siento atraído y, ya os lo he dicho, su sonrisa me había engatusado desde siempre. Claro que en este caso mi timidez trabajaba en mi contra, pues si no hablaba con ella no me iba a dedicar más veces esa sonrisa tan cautivadora. Era una sonrisa tan perfecta.

Por ello procuraba coincidir en la cola para poder así cederle el paso. Por lo menos, ya que no iba a hablar con ella, cuando lograba dejarle pasar ella siempre me lo agradecía con su rostro sonriente, enigmático, perfecto. Con eso ya me bastaba para alegrarme el día.

No me gustaba sentarme a su lado en el autobús, ya que así era difícil mirarle a la cara, salvo que estuviéramos hablando, algo que nunca ocurría. Era preferible sentarme en otro asiento o, mejor aún, quedarme de pie para poder observarla con disimulo.

Me gustaba cuando ella iba con alguna amiga, pues así, mientras charlaban, ella sonreía de vez en cuando. Cuando iba sola solía ir leyendo, lo que me privaba de su rostro sonriente, luminoso, ¡tan perfecto!

Pocas veces la veía en el campus. Tan sólo una vez la vi en la cafetería, pero estaba con un chico y ni siquiera me vio. Me consolé pensando que era sólo un compañero de clase, pero no pude evitar sentirme un poco celoso, pues hablaban de forma muy íntima y ella no dejaba de sonreírle. Sonreírle perfectamente.

Un día dejó de coger el mismo autobús que yo. Tal vez había cambiado de horario, pensé. El caso es que al de unas semanas de no verla apenas me acordaba de ella, pero cuando lo hacía, la imagen de su sonrisa me llenaba la mente y conseguía que me sintiera bien.

Es increíble hasta dónde puede uno sentirse atraído hacia lo bello. “Buscad la belleza –dijo un poeta-, pues es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo”. Yo la había encontrado, y ahora la había perdido. Aunque su recuerdo permanecía en mí, perfecto, ojalá perenne.

Se acercaba el final del curso y enseguida estaríamos de exámenes y después de vacaciones. Seguía sin haberla vuelto a ver, y las veces que me venía a la memoria temía no volver a verla nunca más. Eso me ponía triste. ¿Y si la olvidaba?

Llegó el verano y me fui al pueblo. Y sin darme cuenta ocurrió. La había olvidado. Ya no pensaba en ella, ni en su sonrisa, ni en su rostro. Otros gestos, otras expresiones, otras miradas habían ido ocupando su lugar.

Pero una mañana, paseando por el puerto, me cruce con una chica que tenía casi su misma sonrisa. No era ella, no, pero durante todo el día no pude dejar de pensar de nuevo en aquella sonrisa perfecta. Tras semanas de haberla perdido, en un instante volvió a ocupar el lugar en mi corazón que le correspondía. Es como cuando de joven una canción te engancha hasta tal punto que no puedes dejar de escucharla, y unos años después, sin saber cómo ni cuándo, te percatas de que llevas demasiado tiempo sin oírla y tienes miedo a haberla olvidado, a que ya no te guste. Pero en el mismo instante en que la oyes vuelves a sentir lo mismo que sentiste años atrás. No se había ido del todo, sólo estaba de viaje.

Nunca más volví a ver su sonrisa perfecta, y ahora me doy cuenta de que me hubiera gustado besarla. Estoy feliz de no haberlo hecho, pues entonces su recuerdo no sería tan perfecto, ya que en la realidad no puede existir tal perfección como la por mí imaginada.

Era una sonrisa tan perfecta. Y su recuerdo permanecerá así en mí.

Publicado la semana 43. 24/10/2018
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