Semana
36
Javier Sánchez-Beaskoetxea

El último callejón

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Relato
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Los pasos retumbaban tras de mí, lentos, como si no tuvieran prisa por alcanzarme.

Toc, toc, toc, toc,…

Los latidos de mi corazón aceleraron y a ellos les siguieron mis pies. Sentí terror por primera vez en mi vida e intenté alejarme por el oscuro callejón, pero éste no terminaba jamás.

Miré varias veces de reojo, pero no veía nada. Sin embargo el sonido de los pasos seguía allí, siempre allí, tras de mí. Las mortecinas luces que de vez en cuando alumbraban el pasaje alargaban la sombra de mi cuerpo tembloroso y al dejarlas atrás otra sombra misteriosa iba poco a poco alcanzándome hasta que la luz se desvanecía en los tramos oscuros.

Alguien me seguía. Lento. Sin prisa. Pero decidido a ir allí donde yo fuera.

Yo cada vez avanzaba más rápido, pero nunca llegaba a ningún sitio, pues ese callejón no tenía fin, y las luces se iban distanciando más y más unas de otros.

Así transcurrió un tiempo largo, eterno. El ruido de las pisadas, pese a que mantenían un ritmo pausado, no parecía alejarse de mí. Toc, toc, toc, toc. Como un metrónomo que marcara el ritmo de una música fúnebre. Como el goteo nauseabundo de un desagüe en una morgue. Como los pasos de un grupo de amigos llevando el ataúd de un amigo a su última morada. Como mi vida llegando a su final. A un final al que tal vez condujera ese callejón tenebroso.

De repente, no sé por qué, me detuve. Sentí en mi interior que debía hacerlo. Algo me lo pedía.

Al quedarme quieto, el silencio. La nada. Ya no había pasos. Ya no había luz. Ya no había miedo. Ya no había yo.

Publicado la semana 36. 03/09/2018
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