Semana
24
Javier Sánchez-Beaskoetxea

Vidas cruzadas (24)

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Relato
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Las 21:00.

José Luis conduce con cuidado hasta el hospital mientras se lamenta de su despiste que le hará perderse una hora con su hija y una hora de descanso tras un turno de guardia duro. Cuando llega al hospital, se dirige sin perder tiempo a la oficina y rellena, por fin, el Certificado de defunción del hombre. Tiene que preguntar a qué hora fue el óbito, ya que no se acuerda con precisión, para que no haya errores en el documento. Lo revisa y lo firma.

Tras completar el trámite, sale a la calle para coger el coche y regresar a casa cuanto antes. Nada más salir, se cruza con Juan, el mecánico del taller donde suele llevar el coche a reparar.

–Hombre, Juan. ¿Qué haces por aquí? ¿No vendrás al hospital?

–No, José Luis. Por suerte no tengo que ir al hospital ni de visita. Es que estaba en el bar de la esquina con Antonio, tomando una cerveza.

–¿Tan tarde? Si cerráis a las siete, ¿no?

–Sí, sí. A las siete. Normalmente me voy a casa al cerrar, pero hoy Antonio quería hablar conmigo. No sé si sabrás, pero el taller no va muy bien.

–Vaya, no lo sabía. Lo siento mucho. ¿Y qué te ha dicho? ¿No te irá a despedir? Si eres el mejor mecánico que tiene.

–Pues, la verdad, es que yo ya me había puesto en lo peor. Y cuando me ha dicho a la tarde que al terminar la jornada quería hablar conmigo casi me echo a llorar. He tenido una semana muy mala con este tema, y hoy, esta tarde,… Uf…, no te imaginas lo mal que lo he pasado. Pero resulta que no, que no me despide. Me ha dicho que sabe que estoy muy preocupado y aunque las cosas van mal no se ve capaz de despedirme. Eso sí, me tiene que bajar el sueldo hasta que el negocio vaya mejor.

–Vaya mierda. Bueno, por lo menos mantienes el trabajo. Además, seguro que enseguida mejoran las cosas, y si no, no creo que te cueste encontrar otro taller para trabajar. Eres muy bueno en tu trabajo, y Antonio lo sabe. Seguro que en cuanto pueda te vuelve a subir el sueldo.

–Eso espero. Gracias José Luis, de verdad, te lo agradezco.

Una palmada en el hombro y los dos regresan a sus casas, con sus familias, que les están esperando.

Mientras, en el hospital, el cuerpo del vagabundo queda solo, sin nadie que lo reclame, sin nadie que lo llore.

Publicado la semana 24. 12/06/2018
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