Semana
23
Javier Sánchez-Beaskoetxea

Vidas cruzadas (23)

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Relato
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Las 20:00.

José Luis acaba de atender al vagabundo que ha llegado en la ambulancia. A pesar de que ha hecho todo lo que han podido, el hombre acaba de fallecer. José Luis no está afectado por ello. Era un hombre muy mayor, con signos de malnutrición y de alcoholismo. Algo frecuente, por desgracia, entre la gente sin techo, junto a varios problemas mentales. Vivir en la calle es muy duro, y la salud, tanto mental como física, de esas personas siempre es muy precaria.

Por ello, José Luis no piensa mucho en este hombre, uno más que termina así sus días. Lo que más le entristece en estos casos es la soledad con la que estas personas viven sus últimos años de vida. “Tiene que ser duro acabar así”, piensa José Luis mientras se alegra porque él tiene una familia con la que disfrutar de la vida. Acaba de ser padre y no ve el momento de llegar a casa tras un día entero de guardia y coger en brazos a su hijita, que es un cielo de niña.

Por fin, después de cambiarse y recoger sus cosas, sale del hospital. Conduce despacio. Está cansado y es plenamente consciente de los riesgos al conducir. Lo ve a diario en el hospital y no tiene intención de arriesgarse en absoluto por llegar cinco minutos antes a su casa, aunque desearía estar ya allí.

Su reciente paternidad le ha renovado la ilusión por la vida. Él y su mujer están viviendo un sueño tras el que llevaban varios años, y cada día con la niña es un regalo del que disfrutan como nunca hubiesen imaginado.

Al llegar a casa, José Luis coge en brazos a la niña y le da un beso a Carmen, su mujer.

–¿Qué tal ha dio el día, cariño? –le pregunta Carmen mientras le besa.

–Bueno, no me puedo quejar –contesta él–. Ha sido una guardia tranquila. Solo esta tarde hemos tenido un mal trago con un indigente que llegó muy mal por un infarto y ha fallecido.

–Vaya, qué lástima –dice Carmen cogiendo a la niña para que José Luis se pueda cambiar de ropa.

–Bueno. Ya sabes. Son cosas que pasan. Era un hombre muy mayor.

José Luis termina de cambiarse de ropa y prepara el baño de la niña. Es uno de los mejores momentos del día. Le encanta ver cómo disfruta el bebé en el agua.

Cuando ya está con la niña en la bañera, suena el teléfono. Carmen lo coge. Es un recado para José Luis del hospital.

–Sí. Vaya. Bueno, está bien. Ahora voy –dice José Luis con el teléfono en el oído.

–¿Qué pasa? ¿Tienes que marcharte? –Pregunta Carmen preocupada.

–Solo será un momento. Se me ha olvidado firmar el Certificado de defunción de ese hombre.

Así que José Luis se pone una chaqueta, coge las llaves del coche y sale de nuevo para el hospital.

Publicado la semana 23. 05/06/2018
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