Semana
21
Javier Sánchez-Beaskoetxea

Vidas cruzadas (21)

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Relato
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Las 18:00.

Rafa, el ATS de la ambulancia, grita a Cristina para que se aparte. Siempre igual, cada vez que van a una emergencia tienen que andar con mil ojos para no tener un accidente y empeorar la situación. Cuando se baja de la ambulancia se encuentra con un grupo de personas que le indican que se dé prisa, que hay un hombre mayor, un vagabundo, inconsciente en una esquina.

Por fin, Rafa logra abrirse paso entre la gente y realiza una primera exploración al anciano. Casi no tiene pulso y su temperatura es muy baja. Habla con Alejandro, su compañero de la ambulancia, para preparar el traslado urgente al hospital. La vida del hombre está en grave peligro, tanto que Rafa no cree que llegue a salvarse, la verdad.

Unos minutos después la ambulancia circula entre el tráfico de la ciudad haciéndose notar con las luces y la sirena. No están muy lejos del hospital, a unos diez o tal vez quince minutos, si no hay mucho tráfico. Rafa y Alejandro no piensan mucho en el hombre al que trasladan. Solo estarán con él unos minutos en los que harán todo lo que está en sus manos para que llegue al hospital con las mayores posibilidades de recuperarse, aunque en este caso, como en otros muchos, poco pueden hacer ya.

 Cuando trabajas en una ambulancia estás acostumbrado a esto, y Rafa y Alejandro no sufren por casos así. Es peor cuando tienen que acudir a un accidente con gente joven, o con niños, como el que Alejandro le estaba contando a Rafa antes de recibir este aviso.

–Como te decía –sigue Alejandro con su historia mientras conduce con habilidad–, lo de sábado fue terrible. Llegamos al coche accidentado y nada más parar la ambulancia vimos al niño muerto. No llevaba el cinturón y salió despedido por el cristal del coche. El pobre tenía la cabeza destrozada por el golpe. No tendría más de tres o cuatro añitos. Cada vez que lo recuerdo se me parte el corazón.

–¿Y la madre? –Pregunta Rafa–. ¿También estaba muerta cuando llegasteis?

–No. Ella seguía viva, y lo peor es que estaba consciente. No podía hablar, pero su mirada lo decía todo. Vi en sus ojos que sabía que su hijo estaba muerto. Ella murió algo después, ya en el hospital. Pobre mujer, lo que tuvo que sufrir en esos minutos que vivió sabiendo que había matado a su propio hijo.

Alejandro esquiva a un par de coches mientras toma ya el desvío hacia la entrada a Urgencias del hospital.

–Fue el peor accidente que he tenido que vivir desde que estoy en esto. Nunca me acostumbraré a ver a un niño muerto por un accidente de tráfico porque alguien ha sido tan irresponsable.

Ya en Urgencias, bajan la camilla con el anciano. Llegan un par de médicos que lo recogen, piden algunos datos a Rafa y se lo llevan para ver si pueden salvarle la vida. A primera vista piensan que puede ser un infarto. Es igual. Para Rafa y Alejandro su labor ha terminado. Ellos ya no pueden hacer nada más.

Mientras salen de Urgencias, un escalofrío les recorre el alma al ver a un hombre solo llorando desesperado en una esquina de la Sala de espera.

Publicado la semana 21. 23/05/2018
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