Semana
15
Javier Sánchez-Beaskoetxea

Vidas cruzadas (15)

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Relato
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Las 14:00.

Claudia cuelga el teléfono con brusquedad y se recuesta en el asiento de su despacho del colegio mientras aprieta los puños y golpea la mesa. Es lo último que le faltaba, la madre de uno de esos delincuentes metiéndose con ella. Está hasta las narices de sus alumnos y del colegio. Si fuera por ella estarían todos expulsados, pero como eso no se puede hacer y tampoco se les puede dar una buena bofetada a tiempo tiene que tragarse todo, y eso la está matando.

Lo que le quedaba por oír, que Carlos es un bendito. Tal vez no sea el peor de todos, pero desde luego el chavalito se está convirtiendo en una de sus peores pesadillas. Antes su trabajo era más soportable, pero ahora los alumnos están en una edad en la que quieren hacerse los machitos y es muy difícil dialogar con ellos, pues es más importante su posición en el grupo, y el grupo que le ha tocado a Claudia es de armas tomar, de los peores que ha visto. Así que solo puede hacer una cosa, aguantarse, y eso es lo peor para una persona, pues el cuerpo se rebela y después vienen las consecuencias. De un tiempo a esta parte, Claudia tiene un nivel de estrés y ansiedad que está rozando lo soportable y sus visitas a la psicóloga no le ayudan mucho, y menos aún las discusiones con su marido, que no la comprende, y que son cada vez más frecuentes y la mayor parte de las veces por nimiedades. Y que ahora le llame la madre de uno de los culpables de su sufrimiento le toca las narices. A gusto le hubiese dicho un par de cosas sobre su hijito, pero nadie la quiere escuchar, ni los alumnos, ni los padres de estos, ni su marido,... Nadie. Solo la psicóloga, pero eso no le acaba de ayudar, y ya lleva así varios meses.

Sí. Claudia está cada vez más decidida a pedir la baja, pero no tiene plaza fija y teme que no le llamen otra vez del centro.

Claudia se levanta de un salto, aparta sin miramientos los papeles de su mesa, recoge apresurada su bolso y sale del despacho dando un portazo. No le apetece cocinar y hoy su marido no come en casa, así que se decide por ir a comer un menú del día en su restaurante favorito, ese que queda un poco lejos del barrio, lejos del colegio, lejos de todo. Comerá algo rápido y luego volverá de nuevo al colegio. Claudia se lamenta de que hoy sea lunes. Toda la semana por delante y ya está amargada, ¿qué será de ella para cuando llegue el viernes?

La primera hora de clase por la tarde, por suerte, será de las tranquilas. Pero después le toca con el grupo de Carlos, y aunque no tendrá que verle la cara durante dos días eso no es más que un pequeño consuelo, porque Carlos es solo uno más de un grupo de odiosos adolescentes esperando como buitres cualquier pequeño signo de debilidad por su parte para echársele encima y destrozarla. Ellos ya la conocen, saben cómo hacerle daño, y lo hacen.

Publicado la semana 15. 11/04/2018
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