Semana
12
Javier Sánchez-Beaskoetxea

Vidas cruzadas (12)

Género
Relato
Ranking
1 74 0

Menos mal que Manu es un buen estudiante y está sacando sus estudios adelante sin complicaciones. Puede que en el futuro le sirvan para algo, pero ahora, a pocos meses de graduarse, Manu sabe que el año que viene seguirá repartiendo propaganda por cuatro perras, aguantando los ninguneos de tantos y tantos vecinos a los que Manu debe molestar para poder trabajar, a los que Manu para sus adentros pide perdón cada vez que toca un timbre y agradece infinitamente cada vez que le abren la puerta y le ayudan a que termine antes el reparto.

Manu recuerda su primer día de trabajo. Con miedo y con la ilusión de saber que horas después cobraría lo suficiente como para poder ir al concierto del sábado con sus amigos, Manu se lanzó a la calle con su macuto lleno de pasquines de un supermercado. Llegó al primer portal y tocó un único timbre. Nadie respondió. Apretó un segundo y tampoco habló nadie al otro lado. A la tercera llamada una señora contestó con voz enfadada y al saber que solo era un repartidor de propaganda le contestó que no abrían a nadie por motivos de seguridad. Aquel día Manu solo cobró la mitad de lo esperado, pues no tuvo tiempo de completar la ruta. Poco a poco, al quitársele el miedo a molestar según le apremiaba la necesidad del dinero, Manu aprendió los trucos del oficio y se convirtió en repartidor publicitario profesional. Y así hasta hoy, y hasta mañana, y hasta no se sabe cuándo.

Tras terminar por hoy el reparto, se dirige a cobrar rápidamente para poder comer pronto y acabar de corregir el trabajo para la profesora. Según va para su casa, junto al almacén de su jefe, observa a una pareja de policías hablando con algún viejo tirado en un portal –¡Que ya se marcha, que ya se marcha! Se marchará para siempre antes de lo que pensáis vosotros, que no soñáis más que en dejar de verle por ahí, afeándoos las calles. ¡Ay! ¡Cómo deseabais entonces que se os acercara, que entrara en vuestras tiendas, que pudierais decir que ese hombre era amigo vuestro! Ya no os acordáis de él. Tanto ha cambiado. Tanto ha cambiado–.

Manu olvida rápidamente al viejo y a los policías. Ya tiene la cabeza bastante ocupada con lo suyo, con lo suyo y con lo de su madre, que también es lo suyo. Su madre está orgullosa de él. Un hijo que estudia y que trabaja y que no pide dinero en casa es un hijo del que cualquier madre se sentiría orgullosa. La madre de Manu es una mujer muy guapa, pero la vida la ha tratado muy mal y la ha baqueteado demasiado. ¿Cómo iba Manu a complicarle aún más la existencia? Él le debe todo a ella, le debe la vida, le debe el amor, le debe el cariño. No será él quien le provoque más dolores de cabeza, más preocupaciones, más disgustos.

Por fin Manu entra a todo correr en el portal, pues ya va con retraso, y casi tropieza con Carlos, el niño de su vecina, que llega del colegio con cara de mala leche.

Publicado la semana 12. 20/03/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter