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German NM

La fiesta (39)

Mientras tanto, la madrileña continuaba en el barco disfrutando de la fiesta, que no tenía visos de acabar pronto.

Abrió un par de botellas de champagne, y brindó con todo el que se encontraba.

No en vano, había terminado una de sus peores pesadillas.

Pensó en llamar a su compañero, pero decidió no ser ella la que fuera propagando la noticia por ahí. Al fin y al cabo, había descubierto que cada cual tenía que cuidar de sí mismo, y que no debía confiar en nadie. Si su compañero quería saber, que fuera a a la escuela.

Además estaba empezando a sospechar que, tras los últimos acontecimientos, no iba a ser tan fácil hacerse con el control de las cuentas del padre de la rusa, que era la principal razón por la que aceptó ser la amante de su hija, y para lo que habían viajado ese fin de semana a Marbella.

Ella conocía la mitad de la firma electrónica que permitía hacer transferencias desde esas cuentas, pero la otra mitad la sabía Giacomo, y, por lo que había llegado a su conocimiento, la tenía escrita en una agenda que siempre llevaba consigo.

Una vez muerto Giacomo, el destino de la agenda era incierto. Sabía que cerca del cadáver estaba el comisario Torres, del que no se fiaba lo más mínimo, pero no tenía la certeza de si había podido caer en otras manos, o, peor, si nadie la había encontrado y se iba a ir con su propietario al otro barrio.

Interrumpió sus pensamientos una de las prostitutas que había a bordo. Se acercó con un teléfono móvil, y le dijo : "La inspectora Rodríguez quiere hablar con usted".

"Si, inspectora" dijo tras llevarse el teléfono a la oreja.

"La tiene Torres" fue lo único que le dijo.

"¿Perdón?"

"No te hagas la gilipollas conmigo. La puta agenda de Giacomo la tiene Torres. Casi seguro, el tirano éste va a ir a hablar contigo. Si lo matas, y recuperas la agenda, te prometo escolta policial hasta el aeropuerto de Málaga, para que embarques en el vuelo que prefieras".

"¿A cambio de...?

"Cinco millones de euros".

"Inspectora...".

"Te lo repito, conmigo no te hagas la gilipollas. Esa cantidad es calderilla comparado con lo que vas a sacar tú. Pero no me gusta abusar. Además, que me han dicho que eres buenísima en la cama, y quiero que me des propina. ¿Hay trato?".

Pensó rápido. Realmente cinco millones de euros (y un polvo con la Rodriguez, que tampoco estaba tan mal) era calderilla comparado con lo que iba a ganar.

"Lo hay, inspectora".

A pesar de que le habían encargado un asesinato, la madrileña sonrió.

 

Publicado la semana 79. 04/07/2019
Etiquetas
Amateur , Novelas y películas de detectives , En cualquier momento
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