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La fiesta (34)

La inspectora Rodriguez estaba a punto de irse a su casa. Llevaba casi veinticuatro horas seguidas trabajando, y estaba realmente agotada.

Mientras ordenaba un poco la mesa, fantaseaba acerca de lo que haría nada más abrir la puerta de su pequeño, pero maravilloso apartamento, el cual había alquilado nada más llegar destinada a Marbella, y del que estaba realmente enamorada, hasta el punto de pagar con gusto subidas de más de 100 euros cada año en la renta mensual. 

Se sentaría desnuda en la terraza con vistas al mar, y desde allí vería amanecer, mientras se fumaba un Cohiba, de los que le traía desde Cuba una buena amiga suya, que era un alto cargo en una cadena hotelera. Tendría que darse prisa, porque si no, la salida del sol le pillaría en el coche, de camino a casa.

Cuando se hubiera fumado el puro, se daría una ducha, bajaría las persianas a tope, y dormiría veinte o treinta horas seguidas. No se despertaría hasta un cuarto de hora antes de que le volviera a tocar entrar de servicio, un par de días después.

Se despidió de sus compañeros, y bajó al aparcamiento a coger su coche.

Salió del recinto de la comisaría, y se alegró de ver las calles tan vacías. Así, seguro que llegaría a casa antes de que saliera el sol.

Mientras enfilaba la Avenida Ricardo Soriano, sonó su móvil.

No quería cogerlo, pero en el navegador del coche vió el nombre de quien la llamaba. Era la mujer del socio de Giacomo, la dueña del club dónde se encontraba el madrileño. Respondió.

"Dime".

La voz al teléfono le dijo "Rodri, me van a presentar a un tío que viene desde Sudamérica a buscarle la vida a su mercancía, y parece que no tiene todavía quien le ayude en España. Nos podría venir bien conocerle. Además, lo he visto por las pantallas de vigilancia, y está como un queso. ¿Te apetece un trío?".

"Joder, llevo trabajando veinticuatro horas, y estoy reventada. No estoy yo ahora para jueguecitos".

"No hay problema. Seguro que si llamo a Torres, a él si le interesa venir".

"Eres una zorra, y lo sabes".

"Ja, ja, ja...".

Colgó el manos libres.

Hizo un cambio de sentido en la rotonda, y dirigió su coche hacia el club.

 

Publicado la semana 70. 04/05/2019
Etiquetas
Lou Reed , La vida misma , En cualquier momento
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Relato
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