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German NM

La fiesta (28)

Llegaron al club del ruso, y, rápidamente, les pasaron al reservado dónde Giacomo, acompañado de cinco prostitutas, bebía champagne, comía de una bandeja de ahumados y esnifaba cocaína, no necesariamente en ese orden.

En el club no debían saber nada acerca de la suerte que había corrido su propietario, porque todo se desarrollaba dentro de la más estricta normalidad.

En cuanto vio al joven, Giacomo se levantó, le estrechó la mano, y le dijo, en perfecto español : "Buen trabajo, chico".

Le invitó a sentarse en el sofá, en medio de dos de las prostitutas, las cuales, nada más sentarse, comenzaron a acariciarle el muslo.

"Non così in fretta, signorine. Il giovane e io abbiamo ancora affari da affrontare." (No tan deprisa, señoritas.  El joven y yo aún tenemos asuntos de los que ocuparnos), dijo Giacomo.

Y, dirigiéndose al joven, comenzó a hablarle nuevamente en español. "Hay otro asunto del que quiero que te hagas cargo". Al ver preocupación en el rostro del madrileño, le tranquilizó. "No pongas esa cara, hombre, que esta vez no tienes que matar a nadie. Muy al contrario, vas a disfrutar muchísmo. Te cuento. A unos doscientos metros de aquí, tres o cuatro calles más allá, hay otro club bastante parecido a éste. Es propiedad de un compatriota y antiguo socio mío, pero la que está a cargo de la gestión y el funcionamiento es su esposa, una andaluza que está de, cómo dicen por aquí, "toma pan y moja", y que, además, ha resultado ser un poco "de moral distraída". Eso a mi amigo no es que le importe mucho, porque ya lo sabía cuando se casó con ella, pero si le ha tocado un poco los "palle", los cojones como decís aquí, que ahora se ande acostando con el comisario Torres, porque parece que la señora, cuando no tiene la boca llena, la tiene muy suelta, y anda contando lo que no debe."

El joven le interrumpió. "No entiendo que pinto yo en todo ésto".

"Déjame terminar, ragazzo. El caso es que yo tampoco me termino de fiar de mi antiguo socio, porque creo que también anda de jueguecitos con Torres. Aunque, y sonrió, no son los mismos que los de su querida mujercita, o eso espero". Rió abiertamente. "Y lo que no saben esos stronzos, es que el comisario Torres come de mi mano, cómo acabas de comprobar, aunque tampoco termino de confiar en él. Es fácil decir idioteces cuando te andan mangiare il cazzo".

"Sigo sin enterarme", replicó el joven.

Giacomo sacó una tarjeta de crédito de su cartera, y le dijo : "Esto es lo que vas a hacer. Vas a coger esta tarjeta de crédito. El pin es 2786. Vas a ir al club de mi antiguo socio, y vas a contratar a dos prostitutas que están vestidas con una camisa blanca y shorts vaqueros. Ellas se te van a acercar, no te preocupes, pero si se te acercan antes otras que no sean ellas, las despachas. Te vas a un reservado con ellas, y, cuando te hartes de pasarlo bien, les dices que vayan a contarle a su jefa quien eres y a lo que te dedicas".

"¿Quien soy y a que me dedico?". preguntó el madrileño.

"Eres el representante en España de un conocido traficante colombiano. Gracias a eso, difícil será que no conozcas hoy a la mujer de mi amigo, porque su principal fuente de ingresos es la coca, y andan siempre buscando nuevos proveedores. Pero, hazme un favor. Por muy seductora que se ponga, no te la folles hoy. Con la primera excusa que se te ocurra, dí que no puedes entretenerte y deja este número de móvil de contacto". Le pasa una tarjeta de visita.

"Angel Manuel García de Senovilla y Ruipérez. 876900765", lee el joven. "¿No es un poco rebuscado el nombre?".

"Aristocrático y señorial. Como los buenos hombres de negocios, amigo", sentenció el italiano. 

"¿Me lleva alguno de tus hombres, o empiezo a usar la tarjeta pidiendo un taxi?".

"Pide un taxi. Cuanto menos nos relacionen, mejor. Divertiti, amico e buona fortuna (Disfruta, amigo, y buena suerte)".

"Ciao", replicó el madrileño.

 

 

Publicado la semana 64. 24/03/2019
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YMCA - Village People , La vida misma , En cualquier momento
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