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German NM

La fiesta (21)

Un hombre y una mujer cenaban tranquilamente en el porche de un chalet sito en Sotogrande.

El varón rondaba los sesenta años, mientras que la chica no pasaba de la treintena.

Los dos vestían informalmente, con camiseta y vaqueros, aunque la mujer llevaba unas sandalias de tacón bastante alto, y su camiseta tenía un escote en pico bastante pronunciado.

Hablaban en español, el hombre con un marcado acento italiano.

"¿Te puedo preguntar una cosa?" dijo ella.

"Dime", le contestó el hombre.

"Hace tiempo que no mencionas a Giacomo. Ni te oigo hablar por teléfono con él. ¿Habéis discutido?"

"No. No hemos discutido. Simplemente, Giacomo, ahora mismo, está enfocado en un asunto que a mí no me interesa en absoluto. Es una historia en la que hay pocas posibilidades de ganar, y muchas de que te acaben pegando un tiro. Eso sí, cómo le salga bien, se va a poder retirar a dónde le venga en gana. ¿Puedo preguntar a que viene ese interés por Giacomo?".

"La otra noche pasé por el club, para ver cómo se adaptaban las chicas nuevas, y una de ellas me comentó que, días atrás, Giacomo llegó muy borracho, y que le pidió que subiera con él a la habitación. Allí no hacía más que decir que ya no se fiaba de nadie, y que, tarde o temprano, iba a devolver todo el sufrimiento que le habían hecho pasar. Que iba a haber bastante sangre".

"Pues a mí no se refería. La última vez que hablamos, me comentó por encima el negocio que pensaba acometer, y me preguntó si me interesaba. Le dije que no, le deseé suerte, y nos despedimos muy cordialmente. De eso hará un mes, y no he vuelto a hablar con él. Aunque tiene razón en una cosa. Sangre está habiendo. No hay más que escuchar las noticias. En el aeropuerto, en un restaurante de Puerto Banús, y en la autovía ha habido muertes bastante violentas. El asunto parece jodido".

"¿Puedo saber de que se trata?", dijo la chica.

"Yo no lo sé con seguridad. Es complicado. Tiene algo que ver con un asunto de tráfico de armas, utilizando un par de multinacionales como pantalla. Demasiado turbio y peligroso. Cuando me lo propuso Giacomo, le dije que estoy satisfecho con lo que tengo, que ya soy millonario. Que no me voy a complicar más la vida".

"Tienes razón. Tenemos el club, la coca y la inmobiliaria para blanquear. No nos hace falta más".

Se levantó de la silla, y se sentó en las rodillas del hombre. Le rodeó el cuello con los brazos.

"Que suerte tuve el día que te conocí", dijo ella. "¡Me haces tan feliz!".

El la besa apasonadamente. Le dice "Voy a ir a por una botella de champagne".

Levanta a la mujer, y luego se levanta él. Entra en la vivienda.

La chica aprovecha para sacar su móvil. Marca un número.

Cuando le contestan, sólo dice "No te fíes de él. Se está haciendo el tonto".

Publicado la semana 57. 02/02/2019
Etiquetas
Lou Reed , Reflexiones de Película , En cualquier momento
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