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German NM

Maldita memoria

Se incorporó lentamente desde el suelo, donde estaba tumbado. Primero se puso de rodillas, y, después, agarrandose a la reja de la celda en la que estaba encerrado, consiguió erguirse completamente. Se miró. Presentaba un aspecto deplorable. Estaba sucio, tenía manchas de sangre y de Dios sabe qué.

Al menos, sabía por qué estaba en el calabozo. Había forcejeado con dos policias, y había intentado quitarle la pistola a uno de ellos. Les dijo que era para suicidarse.

Suicidarse... Si al menos fuera capaz de hacerlo, ya habría completado algo bien en su vida. Pero, en su fuero interno sabía que ni tan siquiera eso le saldría bien.

Se sentó en una silla que había. Se preguntó si podría fumar.

¡Que mas daba! Después del enorme problema en el que se había metido, no creía que la Ley Antitabaco fuera a agravarle mucho la condena, así que decidió encender un cigarrillo.

Lo fumó sin incidentes. Arrojó la colilla al suelo, la pisó, y con un puntapié la empujó hacia una esquina.

Casi inmediatamente, oyó cómo se abría la puerta de la galería, y, a continuación, unos pasos que se acercaban.

Dos hombres se plantaron ante su celda. Uno vestía de policía.

El otro saludó cordialmente. “Buenos días”.

“Buenos días”, contestó.

“Me llamo Samuel Ramírez, y soy psicólogo. ¿Podemos hablar un momento?”, dijo, mientras extendía su mano derecha hacia él, a modo de saludo.

Estrechó la mano, y, antes de que pudiera contestar, el policía dijo : “Huele a tabaco. Aquí no se puede fumar.”

“Hablemos” dijo al psicólogo. Este miró al policía, que contestó “Yo de aquí no me muevo”.

El psicólogo comenzó a hablar. “Antes de nada, quiero decirte que tienes derecho a que esté tu abogado presente”. “No tengo abogado, ni quiero ninguno de oficio, total, va a dar igual”, contestó.

“Como quieras. Sólo tengo una pregunta que hacerte. ¿Por qué volviste de Tánger, fuiste a casa de su ex-mujer, y quebraste la orden de alejamiento?”

“Un momento. Yo no he vuelto de ninguna parte. Y, ¿que es eso de mi ex-mujer? ¿Orden de alejamiento? Anoche trabajé de camarero, cómo todos los sábados, y, cuando terminé, me fuí a casa, como siempre. No comprendo nada de lo que me ha dicho”.

El policía contestó, en actitud chulesca, “¿Nos has tomado por imbéciles?”.

Medió el psicólogo. “Le aconsejo que medite bien su respuesta, y que nos cuente exactamente que hizo ayer, y por qué quebrantó la orden de alejamiento”.

“Es que no comprendo de que están hablando. Ayer hice lo que llevo haciendo todos los sábados desde que perdí mi trabajo en el banco. Me levanté tarde, almorcé, y me fui a trabajar de camarero al bar de un amigo que me hizo el favor de contratarme una noche a la semana cuando me quedé en paro. Terminé a las doce y media de la noche, y volví a mi casa. Cuando llegué, la llave no abría, toqué al timbre y nadie respondió. Insistí, y en ese momento, llegó la policía, me tiraron al suelo de una patada, y, después de un forcejeo, me esposaron. Mientras forcejeábamos le intenté quitar la pistola al policía. Supongo que a continuación, perdí el conocimiento, porque ya sólo recuerdo haberme despertado aquí, en esta celda.”

Habló el policía : “Total, que has decidido tomarnos por imbéciles. Hemos estado investigandote. Hace ya más de diez años que no vas por el bar de tu amigo, los mismos que hace que te separaste. Te fuiste a vivir a Tánger, y estás inscrito en el consulado de allí. Así que desembucha, que no tengo todo el día”.

Solo le vino una pregunta a la cabeza : “¿Por qué tengo una orden de alejamiento de mi, por lo visto, ex-mujer?”.

Respondió el psicólogo : “Te separaste porque pillaste a tu mujer siendote infiel. Unos días después, ella puso una denuncia contra tí, la cual se demostró después que era falsa, pero ya estaba dictada la orden. Cómo declaraste que no ibas a volver a acercarte a ella en la vida, nadie se preocupó de revocarla”.

“Diez años separado, con una orden de alejamiento, vivo en Tánger... A todo esto, y ya que parecen saberlo todo sobre mí, ¿a qué me dedico?”.

Habló el policía : “Nadie lo sabe bien, pero por tus fotos en las redes sociales, vives como un marajá. Te pasas el día de fiesta y conduces un cochazo. Tiene pinta de que no eres trigo limpio”.

Se sentó en la silla, y hundió en la cabeza entre las manos. No podía creer lo que acababa de escuchar. Su cabeza le había gastado la última trastada.

Sólo tenía malos recuerdos : los años de trabajo anodino en el banco, aguantando a cretinos delante y detrás de la caja, el aburrimiento en el que se había convertido su matrimonio, el despido, las estrecheces económicas, los reproches de su mujer (y toda la familia de ésta), el trabajo de camarero (más cretinos a ambos lados de la barra), la tremenda depresión que le llevaba a pensar en el suicidio a todas horas...

Y ahora resultaba que llevaba diez años viviendo a tope, aunque parece que no muy legalmente, y no se acordaba de nada.

Entró otro policía. Llevaba unos papeles en la mano. El policía del principio sonrió, satisfecho.

“Te hemos cogido. Ayer por la noche, un Jaguar, matriculado a tu nombre, tuvo un accidente en la circunvalación. La chica que iba de copiloto está malherida en el hospital, pero al conductor no se le ha localizado. Aunque lo más interesante es que encontraron tres kilogramos de hachís detrás del airbag del pasajero. Supongo que tienes una explicación para esto”.

“Ninguna”, dijo.

El psicólogo habló : “Tuviste un accidente, pero saliste por tu propio pie. El golpe te hizo perder la memoria, retrotrayendote diez años atrás. Por eso fuiste a tu antigua casa.”

“Pues va a tener veinte años para recuperarla. En la cárcel”, concluyó el policía.

Publicado la semana 50. 12/12/2018
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Folclore del Magreb , Reflexiones de Película , En cualquier momento
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