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German NM

La fiesta (15)

La rusa se dirigió a la entrada del barco, con el fin de ver lo que pasaba.

Alli se encontró con un despliegue policial importante.

Al menos diez agentes, armados y equipados como si fueran a disolver una manifestacion de un millón de personas violentas, habian entrado en la embarcación, y ocupaban la cubierta y la zona de acceso al salón.

Apuntaban con sus armas a las seis personas que en ese momento se encontraban allí, y estaban planeando la estrategia de despliegue por todas las dependencias.

La rusa intentó aparentar calma, y se dirigió a ellos con frialdad :

"¿En que puedo ayudarles, agentes?"

"¿Es usted la dueña del barco?"

"Si" contestó con la mayor naturalidad que le fue posible.

"Entonces, usted es la organizadora del sarao, ¿no?".

"Por supuesto. ¿Hemos hecho mucho ruido? ¿Se ha quejado alguien?"

"¡Déjese de chorradas! ¿Usted cree que ésto lo ha originado un vecino gruñón? Tenemos la certeza de que en esta fiesta hay menores manteniendo relaciones sexuales con adultos. Es más, estamos completamente seguros de que esas menores se están prostituyendo".

"¡Haber empezado por ahí! No hacía falta tanto alboroto por eso. Como ustedes pueden comprender, no voy a pedir los papeles a cada persona que venga a la fiesta. Puede que alguien haya colado alguna menor, pero le aseguro que en esta fiesta no hay prostitutas. ¿Hago venir a todo el mundo al salón?"

"Si. Así acabaremos antes".

En cinco minutos todo el mundo estaba medianamente vestido y en el salón del barco.

Comenzó a hablar la rusa : "Vamos a ver, ¿quien ha sido el gilipollas que ha traido una menor al barco?".

La interrumpió un policía, "Señorita, si no le importa, callese un momento. Todo el mundo con el DNI, el pasaporte o lo que coño tengan para identificarse, en la mano". 

No tardaron mucho en tener los datos de todos los asistentes, con un resultado muy pobre para tanto despliegue policial.

Sólo consiguieron encontrar una chica con diecisiete años, que confesó avergonzada que había mentido a su acompañante cerca de su edad. Por supuesto, ninguna de las mujeres manifestó ser prostituta, y, tras una consulta informática, sólo una de ellas tenía antecedentes relacionados con ese asunto.

Así que, acompañados de la menor y la prostituta, los agentes abandonaron el barco, no sin antes advertir a los presentes de que lo más conveniente que podían hacer era ir terminando la farra y marcharse cada uno a su casa.

Antes de montar en el furgón policial, uno de los agentes sacó su móvil, e hizo una llamada.

"Si, están todos. No falta ni uno. Es lo que querías saber ¿no?". 

Publicado la semana 46. 18/11/2018
Etiquetas
Miles Davis , La vida misma , En cualquier momento
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