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34
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La fiesta (3)

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Relato
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Nada más salir del establecimiento, hizo lo que le habían indicado.

Se acercó a uno de los teléfonos que había en la recepción del hotel, y marcó el número que le habían escrito.

"Pastelería Martínez Wickman, ¿digame?".

Se sorprendió un poco.

"Buenas tardes, resulta que esta noche estoy invitado a una fiesta en un barco llamado "The Falcon", y quería llevar algún detalle como agradecimiento, y me han recomendado que les llame, porque ustedes sabrían exactamente lo que debería llevar".

"Ante todo, muchas gracias por habernos elegido. Y, modestia aparte, tenemos que reconocer que somos especialistas en escoger el presente ideal para cada momento. Le recomendamos unas bandejas de nuestros exquisitos bocaditos de nata. Son muy apreciados por la familia que tiene alquilado el barco estos días. Veo que nos llama desde la recepción de un hotel con el que tenemos acuerdo. Si no le importa, los 1.750 euros que cuesta el encargo, se le cargaran a su habitación. Sólo tiene que decir al empleado que va a recibir un paquete de nuestra pastelería".

"Bien. Por mí ok", contestó, aunque por dentro pensó que los pasteles debían de estar hechos a la salida del sol por ninfas vírgenes oriundas de las Bahamas y confeccionados con harina procedente de espigas de trigo crecidas en las montañas de Malasia, porque el precio ya lo merecía. Intentaría que la factura la pagase su empresa, al fin y al cabo, esto lo estaba haciendo por unos clientes. Aunque, sonriendo para sus adentros, pensó que también lo hacía por la hija de los clientes.

Mientras se dirigía la comedor del hotel a picar algo, dedicó unos minutos a pensar en ese asunto. No era la primera vez, y esperaba que no fuera la última, que terminaba teniendo sexo con una chica a las pocas horas de conocerla, pero todavía estaba extrañado por haberlo tenido también con su compañera de trabajo.

Jamás se le había pasado por la cabeza. No es que no fuera atractiva, que lo era, pero es que su relación no pasaba de la de meros compañeros, que, además, ni siquiera se veían a menudo en la empresa, ya que cada uno trabajaba en una sede distinta.

Por eso, se sorprendió bastante cuando le propuso que se uniera a ella y su amiga en el fin de semana marbellí. Al principio, creía que la invitación se haría extensiva a más miembros de la empresa, una especie de reunión informal, pero, cuando sacó el tema una mañana junto a la máquina del café, encontró que nadie más tenía conocimiento de ese asunto. Pensó que, como ocurría con cierta frecuencia, habría por medio algún tipo de negocio de los que había que manejar con discreción. Pero, vamos, que lo del polvete no entraba en sus cálculos ni de lejos.

Decidió no darle, por ahora, más vueltas a este tema. Si podía, intentaría resolver sus dudas durante la fiesta.

Así que, para pasar la tarde, se dirigió al campo de golf del hotel, con la intención de jugar unos hoyitos.

Publicado la semana 34. 22/08/2018
Etiquetas
Jazz , Pensamiento Positivo , En cualquier momento
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