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German NM

La huida (y 30)

Sentado en el asiento de atrás del coche del policía italiano, comenzaron a agolparse en su cabeza los momentos de su vida que le habían llevado a estar donde estaba en ese momento. 

Las innumerables visitas a innumerables médicos. La cara de tristeza de su padre (su madre sólo fue con ellos la primera vez), cada vez que salían de la consulta.

Todas las medicinas que tenía que tomar. Pastillas, jarabes, vitaminas...

El colegio, la tortura que fue el colegio. No tenía amigos, no hablaba con nadie. Todos, alumnos, profesores, el conserje, las limpiadoras, lo miraban como un bicho raro, y cuchicheaban a su paso.

Los gritos de su madre a su padre. Las palizas, las humillaciones. El desprecio con el que los trataba a los dos (a su padre y a él), su superioridad.

El momento en el que se enteró de que lo habían comprado. Si, lo tuvieron que comprar, porque su "madre" no pasaba los exámenes psicológicos.

Nunca supo quien era su verdadera madre.

Conoció a aquellos hippies, con ellos se adentró en el mundo de las raves.

Todo empezó a mejorar. Hasta aquella maldita noche de 2004, cuando aquella muchacha se le acercó, y le dijo que si su madre hubiera sabido que era un eunuco, no hubiera pagado ni un euro por él. Entre las drogas que había consumido, y el enorme enfado que le supuso el comentario, no se lo pensó dos veces, y la apuñaló, dejándola tirada detras de los baffles.

Sus "padres", que siempre sospecharon la verdad de lo ocurrido aquella noche, lo mandaron a vivir con sus tíos en Madrid.

Se escapó de casa de sus tíos. Vivió en la calle, trapicheó, se unió a aquel grupo de vagabundos...

Por una vez, fue feliz.

A pesar de que seguían mirándolo como un bicho raro.

Pero ya se había acostumbrado.

Cuando se calmó el asunto del asesinato de la chica, volvió a Málaga.

La vida en la casa era insoportable, pero no pasaba allí gran tiempo.

No había rave, after o fiesta en la que no pinchara.

En Madrid había descubierto que, con drogas y alcohol, se podía comprar la amistad de la gente.

O, por lo menos, su respeto.

La noche en que su padre se suicidó, se había cancelado un evento inesperadamente. Si no llega a ser por eso, no hubiera estado en la casa cuando ocurrió.

Su "madre", como siempre, le estaba pegando una paliza. El pobre no aguantó más, y se pegó un tiro. Entonces, la loca salió corriendo por las escaleras, gritando : "¡El hijoputa se ha suicidado, el hijoputa se ha suicidado!".

No pudo más. A ella la odiaba, pero a él si le tenía afecto. Así que no se lo pensó dos veces, y la empujó por la escalera, asegurándose de que los golpes le causaran la muerte.

Recogió cuatro cosas, y las metió en la maleta. Se descolgó por la ventana de atrás (como hacía muchas noches), y cogió su motocicleta. No la arrancó hasta que no estuvo lejos de la finca, para que no le escuchara el servicio.

Y ahora, que parecía que todo había quedado atrás, llegaba este policía, y quería hablar con él.

La calle lo había endurecido. Estaba seguro de que sabría aguantar el tipo. No tenían nada contra él, no podrían demostrar nada.

Intentaría demostrar que fue una casualidad el hecho de que se fuera de España justo la noche en que sus padres murieron.

Que él no estaba en casa esa noche (de hecho, nadie lo había visto allí), que lo tenía planeado de antemano, que llevaba una semana sin aparecer por la casa (ahí no mentía)...

Llegaron a comisaría.

Tuvo un momento de duda. Todo lo claro que lo tenía en el coche, cambió de momento.

Se imaginó a los policías amenazándole y pegándole.

No iba a consentirlo.

Salió corriendo.

En su ofuscamiento, no vió que una camioneta estaba aparcando justo dónde él se dirigía.

El impacto fue brutal, y despúes las dos ruedas traseras le pasaron por encima.

Murió en el acto.

La huida había terminado.

   

 

 

 

 

Publicado la semana 156. 26/12/2020
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Lou Reed , Reflexiones de Película , En cualquier momento
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