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German NM

La huida (28)

Esa noche, "La Spagna" estaba llena.

Era sábado, y hacía un tiempo magnífico, así que, tanto el interior como la terraza del establecimiento, rebosaban de parroquianos que habían acudido a cenar.

Había hasta una pequeña cola de personas esperando su turno para cenar. Si no querían esperar de pie en la calle, puesto que no había ni sitio en la barra, dejaban su nombre y un número de teléfono, y eran avisados.

"Ma devi essere seduto al tavolo in meno di cinque minuti da quando ti chiamo, o dai prossimi", advertía el encargado, que era hijo de los dueños, en la puerta.

Charo atendía la barra y los pedidos de los camareros, y Amadeo estaba en la cocina, haciendo verdaderos malabarismos para conseguir que todo el mundo pudiera cenar con relativa rapidez.

Una pareja llegó, pasadas las nueve y media de la noche, a la entrada del local.

Cuando el encargado les preguntó si esperarían fuera o dejaban un número, la chica contestó: "Ecco il mio numero".

Cuando le dió el número, el hijo de los dueños le preguntó: "Nome?".

"Margherita Fontana".

Al oir ese nombre, Charo, que iba al almacén a por una caja de lambrusco, giró rápidamente la cabeza hacia la puerta, y miró a la pareja. No había duda, era el chico español el que acompañaba a la nieta de los Fontana.

Sin inmutarse lo más mínimo, siguió el camino que tenía previsto, y, una vez en el sótano, buscó el número de la comisaría en la memoria de su móvil (nunca había tenido que llamar por ningún problema en el restaurante, pero lo tenía a mano, por si acaso), lo marcó, y cuando obtuvo respuesta, dijo: "Buona notte. Sono Charo, di La Spagna. Il ragazzo spagnolo è venuto a cena stasera".

Cuando le preguntaron si creía que les daría tiempo a llegar antes de que se fuera, contestó: "Non dovrebbero esserci problemi. Non credo che ti siedi a cena prima di venti minuti".

Subió de nuevo al restaurante. Miró disimuladamente por la ventana. La nieta de los Fontana y el español estaban sentados tranquilamente en un banco en la acera de enfrente, fumando un cigarrillo.

Cinco minutos después, un hombre de unos treinta y cinco años se les acercó.

"Mi scusi. Hai il fuoco?"

La chica sacó un mechero del bolso, y le dió fuego.

"Grazie", respondió el hombre. Y, dirigiéndose al chico, le comentó: "Hey. Ti conosco. Ti ho visto DJ a una festa sulla Costa del Sol diversi anni fa. A quel tempo, ho trascorso le mie vacanze in Spagna".

La chica le contestó: "Può essere. Ma non è un argomento di cui ci piace parlare".

El hombre respondió, mirando nuevamente al muchacho: "Che succede? Cosa ti ha mangiato la lingua il gatto?"

El chico dijo en español: "Vete a tomar por culo".

A lo que el hombre respondió, en un perfecto español lleno de acento italiano: "Vamos a ver quien sale más jodido de aquí. Soy el inspector Magglionne, de la comisaría de Livorno. Te vas a venir conmigo un ratito, que tengo un par de preguntas que hacerte".

Al muchacho le cambió la cara por completo, pero se levantó, y dijo burlonamente: "Cuando quiera, inspector. ¿Me va a esposar, o no tendré ese honor?".

"No estás detenido ni nada por el estilo. Pero más vale que cambies de actitud, o la cosa se te va a poner fea".

 

 

Publicado la semana 154. 09/12/2020
Etiquetas
Pink Floyd , Reflexiones de Película , En cualquier momento
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