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F. Aizpun de la Escosura

EL CIERVO SIN CABEZA

Un tiro perfecto. Pero el viejo cazador ya no temblaba de emoción como antes y la caza ya no era una necesidad.

   - ¡Para Navidad! - pensó 

   En la mira del fusil tenía al gran ciervo. Sintió el gatillo frío en su dedo, cuando el animal se giró y le miró. Una sensación extraña e inquietante le invadió…

   De niño amaba la Navidad y su mejor recuerdo era desenvolver las figuritas del pesebre con su madre. Desde que ella murió, nunca había vuelto a tocarlas. Su favorita era un ciervo tosco y mal pintado, que un día cayó al suelo perdiendo su cabeza de barro. El rostro del ciervo era sin duda el de su figura de pesebre. Bajó el fusil.

Al llegar a casa buscó ansioso en el desván hasta que, envuelta en un trozo de tela apolillada, notó la forma del animal. Al desenvolverlo se sobresaltó: tenía la cabeza como si nunca la hubiera perdido y una expresión de plácida felicidad.

El pesebre lució con el ciervo sobre las montañas de corcho esa Navidad, mientras su fusil dormía para siempre en el viejo desván.

Publicado la semana 51. 23/12/2018
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Relato
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I
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51
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