45
F. Aizpun de la Escosura

APAJARADO

Nunca antes había entendido por qué los pájaros siempre le miraban. Por qué dichosos se hermoseaban delante de él con un vuelo elegante y preciso como acróbatas flotantes, bailarines y distantes. No les entendía, ni compartía sus excesos, sus estridencias, su prepotencia. Pero ellos sí que lo sabían.

No podía dejar de observarles. Admiraba su belleza, aunque le incomodaba. Envidiaba su libertad, su osadía. Le recordaban dolorosamente lo que él nunca vería. Sabían que jamás sería uno de ellos por más que se esforzase, que nunca viajaría, que no alzaría el vuelo de su patética vida.

Las aves le hablaban en un idioma que nunca antes había comprendido. Y mientras le miraban, se reían de él por su cobardía, por la pesadez de su triste alma condenada y hueca.

- Lo malo no es no poder volar – se repetía – Es que haya pájaros enseñándote la vida que querrías.

Nunca antes creyó que sería capaz, que reuniría las fuerzas para hacer lo que los pájaros hacían. 

Abandonó todo, se sintió cada vez más liviano día tras día. Dejó de hablar, casi no comía. Desnudo y solo admiraba el plumaje que su cuerpo invadía y buscó el campanario más hermoso en el que hizo su nido.

Nunca antes se había sentido ave, hasta aquel día. Duró poco, pero fue una hermosa caída.

Publicado la semana 45. 11/11/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
45
Ranking
0 21 0