Semana
37
F. Aizpun de la Escosura

Cortesía digestiva

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Relato
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Estaba dando buena cuenta del escueto menú de un anodino restaurante de carretera, cuando la pareja que se sentaba a su lado se levantó para marcharse. Al tiempo que se despedían, le dirigieron aderezado con una sonrisa de complicidad, un sonoro:

- ¡Que le aproveche!

- ¡Muchas gracias! – respondió él, al tiempo que masticaba apresuradamente un trozo de pollo, intentando no atragantarse ni balbucear como un idiota.

Una vez se fueron pudo masticar tranquilamente el resto de la pechuga que quedaba en el plato, a la vez que imaginaba a todo su aparato digestivo aplicándose en obtener el máximo rendimiento del alimento que se le procuraba, como habían proclamado aquellos desconocidos.

Visualizó detalladamente sus glándulas salivares, exprimiéndose hasta obtener el máximo combustible posible para la fusión gástrica. Sus muelas prensaban y trituraban con ahínco cada  pedazo de alimento, preparándolo para un proceso de aprovechamiento mayúsculo.

Imaginó sus jugos gástricos desparramándose generosamente sobre la sustancia alimenticia, hasta disolver meticulosamente cada parte. Todo debía funcionar al unísono, como una maquinaria bien engrasada.

Aquel nutritivo cargamento pasaría a entrar en un largo y lento proceso de asimilación intestinal. Primero el duodeno y luego el colon, extraerían el máximo de proteínas, vitaminas, calorías y nutrientes posibles, en todo aquel inmenso y desaforado carrusel del aprovechamiento digestivo.

- ¡Que me aproveche! – se repitió.

Imaginaba el alimento transformándose, por obra y gracia de su complejo aparato digestivo en sangre, huesos, cartílagos y ¿por qué no?... en sentimientos e ideas.

Su cuerpo y su espíritu dependían en gran medida de aquel máximo beneficio deseado.

- ¡Ya habéis oído todos, qué no quede ni una sola molécula nutritiva sin ser asimilada! ¡Vamos  trituradores, y vosotros digestores, hacer bien vuestro trabajo! ¡Nuestro futuro depende de ello!

Lastima, pensó para si, que no podría corresponder a la cortesía digestiva de aquellos desconocidos del restaurante, que tan amablemente se habían preocupado por su correcto proceso intestinal, obsequiándoles con una muestra de los deshechos en que sus vísceras habían convertido aquellos apetitosos alimentos, y así comprobar cómo realmente sí que se había cumplido sus corteses expectativas.

Publicado la semana 37. 14/09/2018
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