Semana
13
F. Aizpun de la Escosura

Pasos de Semana Santa

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Poesía
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VIACRUCIS EN SANT SEBASTIÀ

Viernes Santo camino de la fuente.

Quim suda cargando la Cruz,

el Sacerdote reza,

las mujeres cantan,

el Santo Cristo pesa.

Dios muere.

 

El cielo deja caer un llanto contenido,

un perro ladra a la comitiva,

con la indiscreta sorpresa de los niños.

 

El camino asciende,

Quim resopla,

la Cruz pesa,

el arrepentimiento ahoga.

 

Dios muere...

 

Llegamos.

La Cruz y el corazón han de agacharse

para acceder al románico divino.

Frio, piedra y bóveda de cañón .

 

Dios ha muerto.

 

Lluvia, románico i frío,

 

Sant Sebastià.

 

 

SANT BALDIRI DE TABALLERA

¿No hay Dios?...

Yo lo he visto, y me miraba.

Entre piedras derrotadas,

antiguas y abandonadas.

Bajo una bóveda sin techo,

entre arcos descarnados.

Sobre un suelo frío y roto,

arrodillado.

En un altar quemado,

vacío, desdibujado.

 

¿No hay Dios?...

 

Yo lo he oído, y me hablaba.

En una ermita vacía,

de un valle antiguo,

camino de la playa.

 

Quizá fuera el viento,

la soledad de mi propia alma,

o yo mismo el que hablaba.

Sentí cómo mirando al altar vacío,

ennegrecido por una tenue sombra de hollín

me decía:

- No hay crucificado,

tu eres su sombra,

merécete ese lugar,

¡que tu vida valga algo!

 

SAETA

Como los clavos fríos de Cristo

que hielan la sangre,

lenta y profunda,

hieres el alma.

 

Al verte pasar,

Dios de las mil angustias,

me haces recordar,

la cruz que yace abandonada.

 

Otro golpe para encontrarla,

que no se puede sin cruz,

seguir contigo el camino.

 

No es la sangre, ni el dolor,

en tu imagen reflejados,

es el silencio de un Dios,

que ni siquiera muriendo nos habla.

 

Saeta que pones voz

al hombre crucificado,

háblame de su amor,

que su dolor ya me ha golpeado.

 

TUVE HAMBRE

Y no me diste de comer...

Angustia y no me consolabas,

tristeza, y no me alegraste,

llenarte de caricias y me apartaste.

 

Quise amarte y no me dejabas,

te sonreía y tu sin mirarme,

te hablé y no me escuchaste.

 

Pude compartir mi mundo contigo,

pero el tuyo era más importante.

Intenté ayudarte y me despreciaste.

 

Quise volar contigo,

Pero preferías caminar,

y no me viste,

ni tan sólo hablarme.

 

¿Cuándo?...

 

Cada vez que junto a otro,

sólo importabas tú,

sólo tú anhelabas, sentías,

sólo tú...,

 

No quise gestas heroicas,

ni redención mesiánica,

nunca te pedí renuncia,

ni entrega sin límite.

 

Me tuviste tan cerca,

que no me viste.

Sin salir de ti, sin buscar siquiera,

cada día una oportunidad perdida,

un gesto amable,

un consuelo.

 

Publicado la semana 13. 01/04/2018
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