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El Animado

Una calle más arriba

Te sientas en un café, le contestas al camarero y dejas sobre la mesa el teléfono móvil, el libro que llevabas en las manos y las gafas que llevas puestas. Ocupas toda la mesa dejando un hueco donde el camarero deja el café. Tú lo rodeas con las manos, para calentarlas, y miras por la ventana. Hay gente pasando, y eso podría estar bien, pero no te interesan. Hay palomas, al final de la calle un parque con niños, un señor en un banco, una pareja joven de la mano. Pero no te convence ninguna de esas visiones, tú quieres algo más auténtico, quieres algo desgarrador. Sacas el cuaderno para escribir pero lo apoyas sobre el libro porque coges el teléfono pero lo dejas también. No pruebas el café porque está demasiado caliente, miras por la ventana y entonces vuelves a pensar en la gente pero entonces te abstraes y ya no eres tú sino una voz en tercera persona de alguien que mira por la ventana y ve a la gente pasar y se le crispan los ojos porque esa gente se permite vivir sin tener ni idea de él, de lo que piensa y de lo que siente. Porque es fácil pensar que por ahí circulan muchas historias, pero a nadie le importa que esa otra persona pudiera pasar caminando por allí, dando la espalda a la ventana del hombre que mira, que tendría la oportunidad de salir del bar, dejando atrás el teléfono y el libro, persiguiéndola sin llegar a alcanzarla porque le da miedo, haciéndolo al final, tocándole en el hombro, haciendo que se gire y se gire y no es ella porque él no la vio bien por no llevar las gafas y entonces perdona, me he equivocado y ella se va y él vuelve a donde no ha pagado y debes un euro ochenta, te sientas, coges el libro e intentas leer y piensas que al fin y al cabo igual sí era ella, porque en realidad da igual quién fuera ella.

Publicado la semana 45. 11/11/2018
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