Semana
05
David Lizandra

¿Quién soy?

Género
Relato
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Apenas acababa de abrir los ojos y la cabeza ya le bullía con decenas, cientos de preguntas; algunas tan básicas como saber quién es, cómo se llama, incluso cuál era el lugar donde acababa de despertar. Era incapaz de responder a ninguna de ellas y la certeza de que algo extraño le ocurría a su cerebro aumentaba por momentos su desasosiego.

Cerca, tal vez en la habitación contigua, podía escuchar unas voces; dos de ellas sonaban juveniles, y no tenía dudas para reconocer en una tercera la cálida voz de una mujer. Todas ellas alternaban lo que parecía ser una conversación distendida con momentos de risas.

Aguzó el oído para intentar descifrar el trasfondo de la conversación, pero, incapaz de entender ni una sola palabra, decidió incorporarse; lo hizo en el mismo momento en el que comprendió que ahí sentado no iba a ser capaz de responder a ninguna de las preguntas que se hacía.

Extremó el cuidado para avanzar muy despacio por el pasillo hasta llegar a la puerta desde donde salían las voces. Dentro, en medio de la habitación, tres caras quedaron mudas de inmediato para mirarlo con una mezcla de curiosidad y sorpresa. Todas sonreían.

—Hoy tampoco recuerdas nada, ¿Verdad Javier? —la mujer suspiró decepcionada —. Lo veo dibujado en tu cara de pasmado.

El chico se agitó inquieto en el sofá. Javier juraría, ante quien se lo hubiera preguntado, que trataba de contener una carcajada, pero no dijo nada, se limitó a escucharlo con atención.

—Yo soy Marcos y esta fea es Alma, somos tus hijos… —el chico, tras echarse a un lado para esquivar solo a medias el codazo de su hermana, hizo una teatral pausa antes de señalar a la mujer —. Esa de ahí es Beatriz… ¡Tu esposa!

—¡Eres un idiota! —gritó Alma antes de agarrar a su hermano por el pelo para darle un sonoro pescozón.

—¿No podéis estar tranquilos? Vais a volver loco a vuestro padre, ya tiene bastante con lo suyo.

Beatriz miró con gesto de enojo a los chicos antes de volver a fijar su atención en Javier.

—Ah, tú eres Javier y hace unos meses tuviste un accidente de tráfico muy grave. Desde entonces tienes amnesia, no recuerdas nada de tu pasado y cada día olvidas todo lo que te contamos. Los doctores dicen que todo esto es pasajero y que cualquier día de estos… ¿Cómo lo dijeron? Ah, sí… que cualquier día de estos se va a levantar el telón de tu cerebro —se encogió de hombros —. Esas mismas palabras utilizaron. Entonces recordarás todo, pero mientras tanto…

Marcos la interrumpió.

—Como todos los días tenemos que contarte lo mismo, hemos decidido escribirte quién eres y a qué te dedicas en aquella pizarra —dijo mirando a Beatriz.

Aunque buscaba la complicidad de su madre, lo que encontró fue una mirada que parecía echar fuego por los ojos mientras la mujer negaba despacio con la cabeza.

Javier miró hacia la dirección que señalaba su hijo. Comenzaba a sentirse mareado, pero aun así reunió las fuerzas necesarias para acercarse. Había unas cuantas líneas torcidas, escritas con letra tosca e infantil. Leyó.

Nombre: Javier Cabedo Beltrán

Profesión: Asesino a sueldo

Hasta la fecha has asesinado, que nos hayas confesado, a treinta y dos personas. Eres frío y calculador para matar, aunque cometiste un fallo hace algún tiempo y la policía te sigue la pista muy de cerca.

Nombre de tus padres…

No fue capaz de seguir leyendo. Incrédulo, miró a la mujer. El mareo volvió con más fuerza y tuvo que agarrarse a la pizarra. Toda la habitación daba vueltas frente a sus ojos.

—¿Asesino a sueldo? ¿La policía me busca? —balbuceó.

Empezaba a tambalearse, le pareció escuchar a lo lejos una sirena de policía y no le dio tiempo a más, se desplomó inconsciente llevándose tras él a la pizarra.

Los tres se levantaron casi al mismo tiempo para atenderlo.

—A veces pienso que no eres mi hijo, da igual que te haya parido, Marcos, no sé de dónde te viene esa vena cabrona que muestras. Lo que no consiguió el accidente lo vas a lograr tú, te lo vas a cargar. Anteayer era un chapero, ayer un agente de la CIA, hoy un asesino a sueldo, ¿Qué será lo próximo? —miró a Alma —. Y tú, ¿Quieres apagar de una puñetera vez el sonidito ese de la sirena de policía? —gritó.

Publicado la semana 5. 29/01/2018
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The Dipsy Doodle by Ella Fitzgerald , Black Mirror , Sírvase templado si dispone de una sonrisa que no termina de salir
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