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44
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Cuántas veces habría escuchado decir que la pulpería era solo una tapadera para negocios mucho más turbios; que sus dueños no eran trigo limpio. Pero qué más da, aunque lo regentara el mismísimo diablo, seguía siendo el sitio donde se ofrecía el mejor pulpo de la ciudad. Hoy, desde mucho antes de que los primeros brillos del alba anunciaran el final de su noche de insomnio, una idea le rondaba por la cabeza; comer allí.

«Ese no soy yo. Me mira como si realmente fuera mi imagen… pero no me reconozco», pensó Miguel mirando al hombre ojeroso que el espejo le devolvía, desafiante, desde el otro lado.

No había vuelto a ser el hombre que siempre fue, alegre, conversador, de risa fácil, desde que su mujer lo abandonó. De eso hacía más de un año y no era capaz de recordar ni un solo día bueno. Lo primero en desaparecer fue su empleo de toda la vida, luego la casa, gracias a un embargo del banco por no pagar la hipoteca, después el coche, la ilusión y, por último, la esperanza, ahogada bajo los efectos del alcohol.

La idea más recurrente, en sus escasos momentos de sobriedad, era el suicidio. Hasta para eso le faltaban los ánimos.

Su cabeza parecía a punto de estallar. Necesitó dos aspirinas y un café antes de estar en disposición de centrarse.

Acarició con mimo cada billete para contar cuánto dinero quedaba en su cartera.

—¡Suficiente! ¡basta ya de compadecerte, Miguel! ¡es ahora o nunca! —gritó.

Acababa de tomar la decisión; hoy comería pulpo.

«Nadie dijo que esto fuera a resultar fácil», pensó en la calle, frente a uno de sus bares habituales.

Sacó toda la fuerza de voluntad que pudo para pasar de largo, pero dos pasos más tarde ya le había abandonado.

—Manuel, ponme lo de siempre.

El camarero lo miró con cara de que resignación.

—Pero ayer me dijiste que no te volviera a…

—Lo sé, lo sé —interrumpió Miguel—. Solo será una copa. Lo tengo todo bajo control.

Tres copas más tarde, en la calle, con todo el control perdido, retomó el camino hacia la pulpería.

En el cuarto bar, antes de llegar, ya había pagado con su último billete.

«No pasa nada, pagaré con la tarjeta de crédito», pensó antes de empujar la puerta de la pulpería.

 

Miguel alucinaba con el buen trato que le estaban dando los camareros. A pesar de que era muy tarde y era el último cliente que quedaba en la sala. A pesar de que había pedido una cantidad de pulpo tan desorbitada que, ni en dos vidas, sería capaz de comer…

A pesar de que había vomitado dos veces en el comedor.

Ni siquiera era capaz de ver los números.

—Toma, cóbrate y pon veinte Euros de propina para los camareros —dijo al dejar la tarjeta de crédito sobre el cesto de la cuenta.

Al camarero se le acabó la paciencia la tercera vez que el datáfono rechazó la tarjeta.

—No te preocupes, chaval. Voy un momento a casa a por dinero.

El chaval, como lo había llamado un instante antes, tenía a su único cliente en ese momento agarrado por el hombro, como si fuera un títere, tratando de impedir que se levantara.

—Usted no va a ningún sitio. Voy a llamar a la policía —dijo.

Esas palabras trastornaron a Miguel más que si se hubiera tomado otra copa.

—Seréis hijos de puta —gritó fuera de sí—. Llama… llama a la policía. ¿Te crees que no sé a qué os dedicáis en este antro? Sí, os conozco… es un negocio para blanquear el dinero de la droga. Pulpería lo llaman… estúpidos.

Gritaba y pataleaba desquiciado como el borracho que era. No se dio cuenta del hombre que acababa de llegar.

—Vete a casa, Óscar —dijo el recién llegado—. Yo me encargo del caballero.

Su voz sonaba condescendiente, pero sus ojos eran tan duros como el acero.

La exmujer de Miguel ni siquiera pudo llorar cuando la policía la llamó para darle la noticia.

—Pobre diablo. Usted no sabe la de veces que me llamó, borracho, para decirme que se iba a suicidar. Por fin ha encontrado el valor que le faltaba para hacerlo.

El agente, al otro lado de la línea, se limitó a asentir con la cabeza. Consideró que no era necesario contarle cómo saltó desde aquel puente, ni que la autopsia reveló que estaba borracho y con el estómago lleno de pulpo.

Publicado la semana 44. 29/10/2018
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