Semana
28
David Lizandra

El Jardín de las Delicias

Género
Relato
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«A cualquier cosa lo llaman vaso» pensó Sergio sin quitar la vista del líquido verde que oscilaba con voluptuosidad en su interior.

 

Y no le faltaba razón; aquel “vaso” no era muy diferente de aquellos tarros que recolectaba su madre, y mucho antes su abuela, para guardar aquellas exquisitas conservas y mermeladas caseras. Nunca sabremos con certeza el daño que harán estos modernos gastrobares a nuestra salud mental del futuro.

 

—Veamos si me sienta tan bien como a él —susurró.

 

Apuró el contenido de un único trago, dejó con cuidado el vaso sobre la barra y esperó acontecimientos junto al taburete vacío donde, apenas un minuto antes, estuvo sentado aquel hombre.

 

—Alguien tenía que contar cómo ocurrió...

 

Hasta ese momento se había limitado a observar si, entre todos los clientes de aquel repleto lugar, conocía a alguien para entablar alguna insulsa conversación que le permitiera llegar sin sobresaltos a la hora de la comida; esas palabras, pronunciadas a su lado con un exótico acento holandés, lograron captar tanto su atención como para tomar asiento junto a él. Jeroen, creyó entender que se llamaba.

 

—Lo pinté todo en un enorme tríptico de madera... —comenzó a decir.

 

Durante más de una hora de monólogo, porque Sergio apenas intervino para poder llamarlo conversación, Jeroen se explayó explicando una suerte de metáforas y extraños significados de la que debía ser una magnífica obra.

 

La cabeza de Sergio daba vueltas para asimilar todos los datos que salieron a borbollones de aquella boca. El tríptico, cerrado, dijo que representaba un globo terráqueo solo con formas vegetales y minerales… luego, siguió diciendo, en el interior, pintó a Dios mientras entregaba a Eva a un Adán que miraba a ambos con gesto sorprendido, el árbol de la vida y no recordaba cuantas cosas más… continuó con el panel central… representaba, según dijo, un paraíso donde la humanidad ya había sucumbido al pecado, habló sobre todo de lujuria, de relaciones heterosexuales y también de relaciones homosexuales, y de una infinidad de extraños símbolos que Sergio ya no era capaz de recordar. Al final describió el último panel, el tercero, mucho más sombrío, como el infierno; el castigo a todas las obscenidades cometidas por los hombres.

 

Jeroen dio un último trago y salió tambaleándose.

 

Apenas lo perdió de vista a través de la puerta llamó al camarero.

 

—¿Sabes quién era ese tipo? —le preguntó.

 

—Es un cliente nuevo, dijo que se llamaba algo así como El Bosco. Al menos es lo que me pareció entender —respondió el camarero encogiéndose de hombros. —¿Te sirvo algo?

 

Sergio dudó un instante antes de señalar con el dedo al vaso vacío que acababa de dejar el extraño.

 

—Ponme uno de esos. Debe de ser algo bueno.

 

—Otra absenta para el caballero —se escuchó gritar.

Publicado la semana 28. 09/07/2018
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