Semana
03
David Fueyo

El payaso Marcelino

Género
Poesía
Ranking
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Empecemos por el final:
Un payaso que se suicida es
como la embarazada en el cementerio
que imaginó Ciorán.
Aparecer muerto con un reloj roto
en el hotel Mansfield de Nueva York
me obliga a resucitarte en un poema,
a hacerte entre estos versos inmortal.

Infeliz que repartía felicidad,
abanderado de la torpeza,
príncipe de los payasos, 
cuando se apagan los aplausos
y el sudor se reseca en el camerino, 
cuánta soledad.

Los amigos se vuelven imaginarios,
hacia abajo, en espiral,
todo ha de seguir siendo como antes,
nada ni nadie tiene que hacerlo cambiar.
El más grande del mayor espectáculo del mundo
el que enseñó a Chaplin a caer,
el caído del que jamás se volvió a hablar,
cinco segundos de película es su único legado,
cinco segundos de tristeza para la posteridad.

El payaso que llora se llamaba Marcelino,
el payaso al que no le salieron bien los negocios,
el payaso que viejo y apagado corría en círculos en la pista
el más brillante era uno más,
otra vez volvía a complicarlo todo,
otra vez el funambulista que acaba de pisar mal.

Marcelino regresó a la gloria
en forma de obituario en el New York Times. 
Cincuenta y dos personas en el cementerio,
ni para una lápida tuviste dinero
para que en tu último refugio nadie te pudiera molestar.

Descansa viejo payaso, maldito,
mentiroso príncipe búlgaro,
sonrisa triste de la eternidad,
tu reloj roto, tu traje de gala, tus fotos desparramadas sobre la cama,
tu ritual teatral para descerrajarte un tiro: tu última función,
pasen y vean el espectáculo de una vida tan triste 
que tan solo ha colgado el cartel de "no hay billetes" 
para asistir al gran espectáculo de la supernova
que todavía brilla en el cielo,
como si nunca se fuera a apagar.

Publicado la semana 3. 19/01/2018
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Con las manos frías
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