Semana
27
David Fueyo

El gatito Rufufú y el pez Pantojo

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Relato
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Cuando el gatito Rufufú y el pececito Pantojo se conocieron a principios de verano se dieron cuenta de que, aunque eran muy diferentes, podrían ser grandes amigos. A los dos les gustaba muchísimo no hacer nada, tomar el sol y comer, solo que entre los dos había una gran diferencia: el pez Pantojo tenía dueño, y el gatito Rufufú era un gato callejero.

Rufufú, siempre muy hambriento,  sabía a la hora en la que los dueños de Pantojo llegaban a casa, y hasta unos minutos antes permanecía con su amigo aprovechando que, cuando se iban, dejaban la ventana abierta. Ideal para que Rufufú se adentrase en la vivienda cada día en busca de algo que echarse a su vacío estómago.

El gato se presentaba cada día al pez. El pez, muy amable, siempre le recibía con una sonrisa aunque no lograba recordarlo del día anterior por su escasa memoria.

También todos los días el gato intentaba que el pez recordase.

—Amigo Pantojo— decía Rufufú,—dime dónde tienen tus dueños la comida o moriré de hambre.

—Lo siento, Rufufú, pero no recuerdo nada, ya sabes que tengo memoria de pez.

—Podrías hacer un esfuerzo ¡haz memoria!

—La cosa es que me suena que lo sé, pero me he vuelto a olvidar, por cierto, ¿tú quien eres?

Y así un día tras otro y otro.

El verano iba pasando y Rufufú cada vez estaba más y más delgado, mientras que Pantojo cada vez estaba más y más gordo ya que sus dueños solían darle mucha más comida de la que necesitaba en su pecera.

Cuando el gato veía marchar a los humanos volvía a entrar en la habitación de la pecera de Pantojo y le volvía a preguntar otra vez más por la comida, aunque el pez, con su escasa memoria, seguía sin recordar nada.

Sin embargo, una tarde a finales de verano el astuto gato Rufufú espió por la ventana sin que los humanos supieran que ahí estaba. No consiguió ver donde estaba la despensa de la casa, pero sí consiguió ver donde guardaba su dueño la comida de pez con la que alimentaba a Pantojo. Nada más entrar en la habitación fue directo hacia ella sin ni siquiera saludar a su amigo el pez. La consiguió abrir y la olisqueó, pero qué va, puaj, puaj, las gambas podridas y el plácton del fondo del mar no era su comida favorita. Aunque la probó no la consiguió tragar. A nuestro amigo Rufufú, aunque era un gato callejero, le gustaba la comida de calidad.

Aún así tuvo una idea. Cogió toda la comida que pudo con sus patitas, su hocico y su lengua y se la dio a su amigo Pantojo, soltándola en su pecera. El pez se sintió muy agradecido, y aquel gesto fortaleció su amistad por unos segundos, aunque luego Pantojo lo volvió a olvidar.

Ahora todos los días al llegar Rufufú sobrealimentaba a Pantojo justo cuando lo saludaba. Entre sus planes estaba hacerlo engordar muchísimo para que, antes de que llegase el frío y la ventana se cerrase, poder comérselo. 

Justo el día en el que vió que empezaba a refrescar decidió volcar todo el bote de comida dentro de la pecera de Pantojo, el cual comió y comió, presentándose una y otra vez a Rufufú, el cual cada vez era más pequeño, y Pantojo cada vez más y más grande.

Cuando al día siguiente Rufufú entró en la habitación se encontró a Pantojo en su pecera. El pez regordete que había conocido al principio era ahora un pez muy grande. La pecera en la que vivía ahora era un acuario, y junto a Pantojo había más peces grandes como él, con el vientre rojo. 

A Rufufú se le encendió la mirada pensando en el festín que por fin podría darse al comer todos esos peces, ¡umm!

Pero al meter su patita en el acuario se dió cuenta de que no todo iba a ser como el pensaba. Pantojo y sus amigos se abalanzaron sobre su patita y le mordieron, le arrastraron al acuario y ¡zas, zas! comenzaron a comérselo mientras el pobre Rufufú, muy debil, apenas podía defenderse. El agua se tiñó de rojo y Pantojo y sus amigas piraña como él se dieron un gran festín.

Un rato después, con el agua ya más limpia y apenas con unos huesecillos en el fondo del acuario a Pantojo le embargó una extraña sensación. ¿Dónde estaría ese gato tan simpático que todas las tardes del verano, antes de que vinieran desde el Amazonas a visitarle sus hermanos, a él le acompañó?

Publicado la semana 27. 08/07/2018
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Au revoir Simone , La realidad, Biología Marina , En la calle Juan Escalante de Mendoza , sueños, Bon dia, gruesa, fartonismo
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