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David Fueyo

PUTOAMO

Cuando nos reunió a su alrededor, en semicírculo y con él situado en el centro, nos dimos cuenta de que aquel trabajo no sería como los demás.

—Aquí estáis para hacer lo que yo os diga— afirmó con su voz cavernosa—. El que no quiera participar en este proyecto está a tiempo de largarse, pero no sé qué será de él. Ya sabéis que ahí fuera las cosas están complicadas.

Nadie se movió de su sitio. De la escenografía impresionaba todo. Su voz, su mesa como de madera noble, las paredes pintadas de negro. Teníamos la sensación de que estábamos ante algo importante y que no podíamos fallarle a él ni a toda la infraestructura que, por lo que se comentaba, arriesgaba su propia existencia con este proyecto.

—Por cierto, si estáis conmigo podéis llamarme Putoamo. Sí— afirmaba riéndose— soy vuestro puto amo.

Eché una mirada rápida a mi alrededor a ver quién, desde ese momento, estaba en mi equipo. Mi perfil era claramente sanitario. Me ocupaba de arreglar las heridas que otros ocasionaban. A mi lado estaba Ana la enfermera, fiel acompañante en mil y un batallas anteriores. También estaban dos o tres policías que había visto alguna vez anterior posiblemente peleando contra algún delincuente o invasor. Más allá pude ver que había algún electricista, un par de matemáticos, vendedores, publicistas… todos me sonaban de algo, de cruzarnos por la pequeña ciudad en la que habitábamos pero sin ni siquiera saludarnos en tiempo de paz. Ni nos saludábamos, pero éramos hermanos para la guerra.

Los recursos serían los conocidos, nuestras medicinas y nuestras armas. También nuestra moral. El Putoamo sabía mantenernos despiertos y motivados. Con ganas de salir ahí fuera y batirnos el cobre. Nada que ver con las aburridísimas guardias de tedio y calor. Nos gusta la acción.

Y entonces sucedió. El chispazo y todos a su lugar. Estábamos bien comunicados entre nosotros y con el omnipotente Putoamo, el cual nos dirigía. —Tú, aquí, pero esta vez en vez de arreglar vas a tener que destruir con todas tus fuerzas— me dijo por la línea interna, y yo, poseído por un extraño baile de san Vito empecé a destruir todo aquello por lo que antes velaba y que más de cien veces antes tuve que arreglar. No entendía por qué hacía esto, pero me sentía bien. Esta vez no sería como las anteriores. No más morir y renacer. Esta era la ocasión de permanecer, de ser inmortal, y por ello iba a luchar.

 

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—¡MAMÁAAAAAAA!... ¡Se ha estropeado el ordenador! Un virus o algo así. Parece que está chiflado y no podré jugar al Fornite. Putoamo dicen que se llama por ahí. Habrá que formatear otra vez. Perderé los avances en el juego. Esto fue por descargarme de esa página tan rara la discografía de Adele.

Publicado la semana 21. 26/05/2018
Etiquetas
Clint Mansell , Black Mirror, Tron, Un sueño que tuve que apuntar , Despierto , policía, quirófano, copia de seguridad, Desafío total
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