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07
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El timbre de la puerta da un zumbido largo. Hay una pausa. Tres nuevos zumbidos impacientes. Otra pausa. Una llave nerviosa choca contra el bombín. Finalmente se abre la puerta. Susana pasa al salón de penumbras donde él está tirado en el sofá.

– ¿No pensabas abrir?

–Has podido tú solita.

–Mejor con un poco de luz – Susana sube la persiana por si el sol se atreviera a entrar.

– ¿Esa es tu aportación como decoradora de interiores?

–Joder, cómo lo tienes todo – Susana pasa el dedo por una estantería, que cambia de color, y recoge algunos libros del suelo.

– ¡Eh, deja eso ahí! – él se levanta.

–Con lo que me costó darle un aire moderno al piso…

– ¿Se puede saber a qué coño has venido? – él le quita los libros de las manos y los tira otra vez al suelo.

–Tú siempre tan gilipollas – Susana se le queda mirando a los ojos.

–Bueno, eso ya no es asunto tuyo – él aparta la mirada con una media sonrisa.

–Joder, hueles fatal.

–Vete a la mierda– él regresa al sofá y rebusca entre las latas vacías del suelo por si alguna tuviera aún algo que beber.

 Susana toma aire.

–Huele todo el piso –sale del salón para echar un vistazo a la cocina. Mesa, encimera y fregador están repletos de vasos, platos y sartenes sucios, con cubiertos sobresaliendo aquí y allá, restos de comida por todas partes, algunos resecos, otros mohosos, con el hedor de la putrefacción preparando la ofensiva final para tomar el resto de lo que fue su piso.

– ¡Tráeme una cerveza!, haz algo útil en la casa por una vez – Susana vuelve al salón, la visión desde la puerta no es mucho menos cenicienta.

–Esto es asqueroso.

–Pues ya sabes dónde está la fregona. A no, espera, que esas no eran tareas dignas de tu persona.

– ¿Pero tú te crees que esto es normal?– él dejó que su dedo corazón contestara.

–Muy adulto, sí señor.

– Como tu sorpresita de aniversario, ¿no te jode?

– ¿Y qué querías que hiciera?, ¿dejarlo pasar? Era mi momento, y quedamos que sería lo mejor para los dos.

–Quedamos…, te convenciste… Pero sí, para ti fue lo mejor, sólo hay que ver lo que has progresado.

–Mira, no he venido buscando pelea, yo sólo quería…

–Por si no te has dado cuenta: ya no me importa una mierda lo que tú quieras o dejes de querer.

–Vale –arroja la copia de las llaves al sofá–, me voy.

Al salir, Susana ve, en un rincón, el caballo rampante de plástico morado que él le regaló hacía ya tanto tiempo. Parecía ser lo único del piso que no estaba cubierto de polvo.

Publicado la semana 7. 18/02/2018
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