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Daniel Turambar

Diciembre

Diciembre no gana para fiestas y, encima, se queda el último para recogerlo todo y cerrar, cosa que en el fondo le gusta, todo sea por estar juntos y jugar. Hasta el frío le sienta bien en los paseos por el centro atestados de gente a la caza de fotos, luces, regalos y recuerdos que añorar cuando alguno se acabe marchando con esos que ya faltan en los reflejos de los escaparates; o tal vez tomaron un camino que se volvió sin quererlo paralelo y no hubo manera de volver a converger; o no hace falta dramatizar tanto, simplemente este año no pudo ser por cosas del trabajo (o de su falta): el que viene no faltamos. Da igual. Diciembre tiene arsenal para todos y chocolate de sobra para confortar a quien quiera dejarse dar calor. Y al que no pues ya es cosa suya, allá cada uno con sus mierdas, que aquí hemos venido a lo que hemos venido. A poco que te dejes, Diciembre te da un abrazo, hasta un beso en la frente; porque para Diciembre todos somos niños de ojos brillantes ya sea por ilusiones, por mero reflejo de las lucecitas led (menudo invento nos trajeron los tiempos) o hasta por lágrimas contenidas cara al público. Brillo es brillo, que la tristeza también puede dar calor si se marida con buenos recuerdos. Diciembre no gana para fiestas y, encima, se queda el último para recogerlo todo y cerrar, cosa que en el fondo le gusta, todo sea por estar juntos y jugar.

Publicado la semana 52. 29/12/2018
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Relato
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I
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