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Daniel Turambar

Agosto

Llueve hoy, y yo con sandalias, porque Agosto sintió envidia de Abril. Se puso a imitarlo sin mucho acierto. Al final se ha puesto a llorar. Nada chico: si ya sabías que no podía ser, sé tú mismo y déjate de zarandajas que lo tuyo es la flama, el verbeneo de pueblo chico y el chiringuito sin camiseta; Paquito el chocolatero y cortes de helado para llevar; aguas saturadas en la piscina bajo un sauce hipocondríaco; vida fluyendo bajo una techumbre de carrizo con un café on the rocks; una gorra de promoción; niñas en bikinis que ni se imaginan lo que se pierden; ¡hay que ver cómo se está poniendo tu prima, chaval!; unas gafas antiresaca; niño, pídeme otro, paga y nos vamos; atardeceres cada vez más tempraneros en el umbral, con mosquitos en el horizonte; buenas tardes ¿qué, de paseo? ¡dónde coño está el aután!; un perro que ladra despidiendo su mala sombra; un bocata de lo que haya para la cena; teatro bajo las estrellas; habrá que hacer algo esta noche que el domingo se vuelve; lluvia de no-estrellas entre las estrellas; ¡venga díselo, díselo ya!; un paseo con las estrellas; ¿y... si te doy un beso?; estrellas bajo la encina de soñar. Agosto recuerda y sonríe, sigue mojándome los pies, pero olvidándose por un momento de abriles. Me quedo solo, suspiro, y me seco las lágrimas de un mes, que brilla como sólo saben hacerlo los sueños de un ingenuo. Llueve hoy, y yo con sandalias, porque Agosto sintió envidia de Abril.

Publicado la semana 34. 26/08/2018
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Género
Relato
Año
I
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34
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