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Daniel Turambar

Reencuentro

El masajista reconoció de inmediato el peculiar lunar bajo la nuca. Al apartar el pelo del joven albino apareció Tenerife, incluyendo la réplica del Teide en su centro hacia la que viraron los dedos índice y pulgar movidos por los alisios de una memoria confirmaba un sí imposible. Misma forma guancha, mismo color café tostado sobre mar rosa pálido, mismo tacto suave pero irregular. Mismo gruñidito placentero acompasado con las caricias. El masajista esperaba ver la cola del añorado perro que creció junto a él moverse de lado a lado al levantar la vista. Pero…

– No pares, Juanete.

– ¿Es posible, cómo…?

– Supongo que a veces los deseos se cumplen.

Publicado la semana 33. 19/08/2018
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I
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33
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