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Junio está hasta los mismísimos de que le digan que está en plena transición pero qué le hacemos si, con su comportamiento, no hace más que darnos la razón. No tiene personalidad propia, por más que intente buscar una que no le quede mal y guste a todos. De primeras se deja llevar por Mayo, siguiéndole el juego en lo que sea que se le haya quedado a medias. Luego, cuando podría ser él mismo, se empeña en hacerse el mayor e imitar los ardores y asuetos de Julio. Aún tiene deberes por terminar y que examinarse con la autoridad adulta que le de el pase al verano supervisado, por más cuerda que quiera tomarse. Porque él ya se siente mayor para ir solo donde quiera. ¿Acaso no es el rey de la luz y las noches duran lo que se tarda en quedar con los colegurcios? Junio quiere demostrar que ya está hecho y salta inconscietne sobre hogeras,  y canta, y rie, y bebe hasta el amanecer. Se confunde entre sus pares, amigos de por vida. Comienza a buscar la soledad de los primeros momentos emparejado eternamente hasta que asome el otoño.  Se da golpes en un pecho lampiño. Niñato. Aún así, sin perder del todo un ligero toque tierno, por momentos ingénuo, ése que le hará reírse de sí mismo cuando pase algo de tiempo. Junio está hasta los mismísimos de que le digan que está en plena transición pero qué le hacemos si, con su comportamiento, no hace más que darnos la razón.

Publicado la semana 26. 01/07/2018
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