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22
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– ¿Qué cuento quieres esta noche?

– ¡¡¡Los tres cerditos!!!

– Hey, cariño no me grites que tengo los auriculares.

La pequeña se río desde el otro lado del móvil, la calidad de la transmisión hizo que José pudiera imagenársela perfectamente como si la tuviera delante.

– Perdona papi.

La precisión de las pes le ayudó a dibujar sus labios. Tenía que contratar la expansión para imágen.

– No pasa nada, mi amor. ¿Estás bien arropada?

– ¡Sí!

– Bueno pues vamos con los tres cerditos.

José comenzó a contar el cuento al micrófono al tiempo que escuchaba los comentarios de su pequeña, las risas cuando aflutaba la voz para imitar a alguno de los hermanos, hasta cómo se le entrecortaba la respiración con la aparición del lobo. No importaba cuántas veces se lo contara, su niña siempre reaccionaba como si fuera la primera, corrigiéndole si imporivisaba algo. Al final del cuento, como cada noche, José le dio as buenas noches y ella, con un pie en el mundo de los sueños, le mandó un beso a través de la red. José se la imaginaba entonces dormida, con la manita derecha sobre la cara. Definitivamente necesitaba poder verla. La expansión no era barata, pero se le hacía necesaria. Sin pensarlo más la compró en la tienda de aplicaciones y se fue a dormir feliz con la idea de que a la mañana siguiente, cuando la actualización se completara podría verla.

Cuando despertó, la carita de su pequeña estaba ya ahí. No era exactamente como la que se figuraba en su mente, pero sí: era ella. Tuvo que aguantar la tentación de llamarla, era demasiado temprano. Entró en la galería de fotos y ahí quedó un poco decepcionado: apenas había media docena y en ninguna aparecía con él. De momento sería suficiente hasta la hora de comer en la que podría hablar y, por fin, verla en directo. Pero aquél fue un día intenso de trabajo y, apenas pudo parar veinte minutos para tomar algo rápido, además, con la gente del equipo y los jefecillos de proyecto.

– Hay que ver Jose, que si no es en los días de jaleo no te vemos el pelo para comer – le soltó Rubén con restos de sandwich de atún entre los dientes

– José, por favor…

– Es lo que tiene el colega, que puede permitirse comer en casa – interrumpió Carla con un guiño.

– Pues a ver cuándo nos invitas – Juancar siempre con lo mismo.

José se encogió de hombros y sonrió esperando que la conversación tomara otros derroteros, pero un silencio incómodo amenazaba así que se echó la mano al bolsillo para fingir una llamada.

– Ni se te ocurra llevar a estos a tu casa Jose –, Chema enfatizó la frase con una risotada y una soberana palmada en el hombro que hizo volar el móvil de José.

Afortunadamente la funda de polímeros evitó cualquier desperfecto. Por desgracia el icono de la aplicación ChildrenVR no pasó desparcibida cuando Elba lo recogió y, sin pudor ninguno, la mostró a los demás mientras se lo devolvía.

José cogió el teléfono y se fue sin más.

– ¿Esa app era…?

– Sí.

– Jodido pervertido.

– A ver, que no sabemos…

– No jodas, la gente normal no habla con hijos virtuales.

– A mi cuñada le ayudó cuando perdieron a la niña.

– No es lo mismo…

– Y encima se marcha.

Publicado la semana 22. 03/06/2018
Etiquetas
Black Mirror, HER
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