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Daniel Turambar

Mayo

Mayo avisa y, por más que nos empeñamos en no creerle, él es tozudo, coeherente mas nunca traidor. Porque es fiel a sí mismo y no tiene la culpa de nuestra débil memoria ni de que nos creamos nuestras propias ilusiones. ¿Cómo quieres que te lo diga?, las cosas son como son y no como tú quieres que sean. Mayo mayea. No hay más. Incluso en sus contradicciones es consistente. Que si no tiene sentido para ti que a las puertas del verano haga frío es cosa tuya. Mayo  lo lleva avisando de toda la vida: que no te fíes. Y tú, animal cerril, te fías y te enfrías. Y entre alergias y constipados reinan los estornudos sin amparo. De corto  y de largo, de flores y cantos. Mayo celebra a los que crecen sin descanso. Y avisa, de nuevo, que el tiempo no para  para nadie, que hay que hacer más hueco en la mesa de los grandes a la hora de celebarlo con nombres varios que pongan los hombres al milagro de cada año que se produce por mayo. Pero no todo van a ser risas y alegrías, que mayo no quiere que seas uno de esos que a la ligera olvida. Por eso recuerda su carácter ladino y, falsamente etiquetado por algunos, traicionaro, descargando con virulencia el recuerdo de que estamos en sus manos, si no en manos mayores que las suyas. Y no aprendemos. Mayo avisa y, por más que nos empeñamos en no creerle, él es tozudo, coeherente mas nunca traidor.

Publicado la semana 21. 27/05/2018
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