Semana
14
Daniel Turambar

Nociones básicas de orientación

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Relato
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Era imposible llegar a ninguna parte. ¿Cómo hacerlo si todos los mapas estaban mal? A ver, son nociones básicas de orientación: mirando al sol, la mano izquierda a su salida, la derecha al ocaso, el norte queda detrás, a la espalda; si plasmamos esto en un papel el mundo que conocemos debería estar del revés: el sur debería estar arriba y el este a la izquierda, el poniente a la derecha y el norte dejado atrás. Pero nos daban una guía interesada, contra natura, para que no pudiéramos encontrarnos y, así, poder vendernos la salvación a modo de gps. “Próxima calle a la izquierda”. Y, de repente, se encontró en un callejón sin salida que se estrechaba hasta hacer evidente que no iba a poder salir de ahí sin dejar algún arañazo de recuerdo en  la carrocería. Con suerte la próxima vez recordaría que el gps está mal y aprendería a ignorarlo, a desconfiar de lo que vendían diestramente.

–¿Nos hemos perdido ya lo suficiente?

No contestó, sólo soltó el aire sonoramente por la nariz y apagó el navegador.

–Vale, pues aparca por ahí y déjame preguntar a ver si encontramos un hotel o algún sitio donde pasar la noche y ya mañana veremos.

Obedeció.

–Joder, no quedan chuches.

El portazo dejó claro que debía esperar en el coche. La luz de cabina se desvaneció a los pocos segundos. Apagó la de los faros antes de desconectar el motor. Se dio cuenta entonces de que las farolas de esa calle estaban cegadas. Notó un leve zumbido en sus oídos que, junto a la reciente oscuridad, lo dejaron aislado del mundo patas arriba que ya dibujaba en su mente. Y es que no tenía sentido que ir hacia el sur, hacia el Sol, fuera ir hacia abajo, no señor, eso evidentemente era ascender; y no lo era, por ejemplo, el acumular más trabajo hasta hacer que el amanecer se disfrazara con las luces de neón de la oficina. El sonido del móvil lo sacó de su ensimismamiento. Que había encontrado dónde quedarse: la primera a la izquierda, cruzar  la calle y la segunda a la derecha, cartel azul en el segundo piso: “Pensión Márquez”; que se llevara la maleta pequeña; y el cargador del móvil que estaba en la guantera; que de camino vería un chino: que comprara gominolas;  que si se veía capaz de seguir las instrucciones o si iba a buscarlo; que no tardara. Respondió con un “Ven”. Que si ¿en serio?; que joder, voy.

Era imposible llegar a ninguna parte, sobre todo cuando en lugar de ir lo que quería hacer era volver. Miró de nuevo el móvil antes de arrojarlo al salpicadero. Salió. Pensó en dejar el coche abierto, pero le pareció una temeridad, así que lo cerró y dejó las llaves sobre el techo, en el lado del copiloto, como si eso fuera mejor idea. Daba igual, ahora lo importante era ¿derecha o izquierda? Miró al cielo. Sorprendentemente se veían algunas estrellas, aunque nunca supo identificar las constelaciones más allá de la uve doble de Casiopea. Aquí las nociones básicas de orientación no le servían de mucho sin una flechita que le indicara cuál era la Estrella Polar. Volvió a la tierra. La sombra de su estrella guía apareció por el fondo de la calle, a su derecha. Izquierda, pues, hubiera sido la dirección correcta. Tarde. Recogió las llaves, abrió el maletero y se puso a sacar la maleta pequeña.

–¿En serio que no podías llegar tú solito?

No respondió.

–Saca también la grande, ya que estamos nos lo llevamos todo.

La sacó.

–¿Cogiste el cargador?

Negó con la cabeza.

–Cógelo, ¡venga! De verdad, hay días que te mandaba a la mierda sin billete de vuelta.

Publicado la semana 14. 08/04/2018
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