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12
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Marzo llora, de impotencia, de rabia, de indignación, de pena, de desesperación, llora de lo que sea. Y, no es que sea un pusilánime quinceño seguidor de las cuitas del joven Werther, recitador de Bécquer, un sensiblero enamoradizo abandonado, semana sí, mes también, empapador de almohadas; no es que el cambio de estación altere sus emociones pubescentes a golpe de moqueo pre alérgico; no es que amanezca sepultado por recuerdos que nadie podría olvidar aún queriendo hacerlo; no es que no sepa ser temido por tiranos cuando debe. Es la realidad quien lo elige como mártir y le hace llorar, derramar lágrimas salinas que curan heridas viejas y nuevas; lágrimas cálidas cuyo tacto conforma como el tacto de la caricia materna a un bebé que se cree abandonado; lágrimas pesadas que caen a plomo al tiempo que se llevan los males hasta los cielos como atados a globos de helio. Porque marzo llora para dar paso al deshielo; para anegar los campos de ira de los que, de no ser por su penar, no brotaría nueva vida; aceptando su papel de vocero de injusticias incomprensibles, desgarrándose la garganta de las que brota más llanto capaz de derribar muros sordos;  para que otros puedan dar paso a la risa y la ilusión de un comienzo esperanzado; para lavar los pecados del mundo año tras año; aceptando que a veces para avanzar hay que detenerse; para que los que fueron premanezcan. Marzo llora, de impotencia, de rabia, de indignación, de pena, de desesperación,  llora de lo que sea.

Publicado la semana 12. 25/03/2018
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