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06
Charo Vela

Abuela, descansa en paz (Cap.1)

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Me desperté sobresaltada por un ruido grave y seco. ¿Qué había sido eso? ¿Una tormenta? No, el ruido había sido distinto, como de algo que cae con fuerza. Agudicé el oído y todo estaba en silencio. Mi corazón latía acelerado, sin apenas ganas me levanté de la cama. ¡Uff qué frío hacía! En esta fecha, el invierno afilaba bien sus colmillos helados. Me dirigí hacia la puerta, la abrí y miré al pasillo, todo estaba oscuro y callado. Al parecer, todos dormían tranquilos. Me volví a la cama, miré la hora, eran las cuatro de la mañana. ¿Habría sido un sueño? Sí, seguro sería una pesadilla.

Instantes después, volviendo a entrar en calor bajo el edredón, intenté mecerme en los brazos de Morfeo, pero una rara inquietud me invadía y no me dejaba conciliar el sueño. El ruido, fuese en sueños o algo que se hubiese caído, me había desvelado. De pronto, los gritos de mi madre en el silencio de la noche me sobrecogieron.

            -¡Socorro, ayuda! Despertaros, la abuela, la abuela –gritaba nerviosa.       

-¿Qué pasa? -escuché que mi hermano le preguntaba- ¿Qué le ocurre a la abuela?

            De un salto y preocupada, me dirigí de nuevo al pasillo. Las luces estaban ya encendidas, vi que todos corrían hacia la puerta de entrada, fui deprisa tras ellos. ¡Ohh Dios mío! Mi abuela, yacía en el descansillo de la escalera que daba al jardín y justo encima de ella, su silla de ruedas la aplastaba. Había caído desde arriba, diez escalones.

            -Mamá, mamá ¿Santo cielo qué te ha pasado? –mi madre sollozando la llamaba.

Ella intentaba reanimar a mi pobre abuela. Pero ésta no reaccionaba.

            -Abuela, despierta ¿Cómo has llegado hasta aquí? –yo le decía llorando, que pena de verla allí tirada- ¡Dios mío, éste era el ruido que escuché! –exclamé de pronto.

            -Sí, yo también escuché algo e inquieta fui a verla a su habitación y vi que no estaba acostada. Buscándola, observé la puerta que da al jardín abierta y entonces la he visto aquí caída –contestó mi madre, mientras le buscaba el pulso a la abuela.

            Los otros dijeron no haber escuchado nada. Mi tía achacó que tomaba pastillas para dormir, era cierto, estaba aturdida. En casa vivimos mi madre, mi abuela, mi hermano y yo. Ahora, desde hace unos días también están con nosotros la hermana de mi madre y su marido. Desde que la abuela tiene principio de Alzheimer, ella viene algunos días al mes para ayudar a mamá a cuidarla. Esta vez también la ha acompañado Ramón, su marido.

            -Hermana, no le encuentro el pulso –dijo mi madre mirando preocupada a mi tía – Rápido, tenemos que llamar al médico.

            Media hora más tarde, llegó la ambulancia. Ya todos llorábamos, temíamos lo peor. En todo éste tiempo no se había movido. No habíamos querido desplazarla, hasta que llegase el médico, solo le habíamos quitado la silla de encima y la habíamos tapado con una manta.

            Cómo ya intuíamos, el médico tras auscultarla, certificó su muerte. Dijo que, debido al golpe en la nuca y la hemorragia interna por la caída, la abuela murió en cuestión de segundos. ¡Pobre abuela mía, con lo buena que era!     

Continuará...    

Publicado la semana 6. 05/02/2018
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