Semana
22
Charo Vela

La triste verdad (Cap. 3 final)

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     —Ahora sí que parece un sueño todo lo que estoy viviendo y escuchando de tus labios. ¿Has escuchado primo?  Yo nací aquí…

     —Sí primo, estoy tan extrañado como tú. 

     —Sergio estás muy pálido ¿Te encuentras bien? —le preguntó Olivia preocupada—. Debes descansar.

     —Estoy cansado del viaje, además de aturdido y asombrado por lo que me estas contando. Tengo el corazón a mil, de emoción.

     —En este instante lo primero eres tú. Ya es de noche y se te nota agotado. No tengo nada que ofrecerte para comer. Pero si una cama para que puedas dormir en paz.

     —No te preocupes, hemos comido unos bocadillos que traíamos hace un rato. Olivia te agradezco tu hospitalidad— Le contestó Luis agradecido—. Mi primo está enfermo y hoy ha sido un día muy duro para él. 

      —No, primo, todavía no quiero irme a dormir. Quiero saber más cosas de mi madre. Por favor, sigue contándome de ella. De su vida, quiero conocerla. ¿Tienes fotos de mis padres? ¿Puedo verla? 

      —Sergio confía en mí, mañana será otro día. Y lo sabrás todo de ella y la volverás a ver. Piensa que ahora estas más cerca de ella. Ahora aséate y descansa, lo necesitas. 

       Subieron las escaleras y se ducharon, como les aconsejó. Se había hecho tarde y estaban cansados de tanto andar.

       —¡Qué bien sienta una duchita! Al menos la cama es cómoda. Lo bueno es que no dormiremos al raso. aunque está todo muy sucio y abandonado. Sergio tío, tómate tus pastillas e intenta descansar te hace falta, tienes mala cara, no te vayas a poner peor. Al final, tu sueño se ha hecho realidad. Aunque a mí esa chica me pone nervioso. Es un poco rara ¿no? Es misteriosa, tiene que ser medio bruja o bruja entera diría yo, como para poder controlar tus sueños cada noche y traerte hasta aquí. —Los dos terminan riendo a carcajadas.

      Era una habitación amplia con dos camas, una mesita, un armario y dos sillas. El polvo estaba por todos lados.

      —A mí, sin embargo, me transmite paz. La miro a los ojos y siento que me puedo fiar de ella, como si la conociese de antes. No sé, es verdad que todo huele a humedad y está sucio, seguramente sólo haya venido a contarme mi pasado y enseñarme donde nací. No creo que aquí viva nadie, pero eso no me importa. Yo he venido a otra cosa y ella me puede contar todo lo que yo necesito saber de mi madre. ¡Fíjate, mi madre no me abandonó y esta era mi casa, yo aquí nací! ¡Dios, qué ilusión! Jamás pensé en conocer la verdad de mi madre ¿Dónde estará, vivirá, podré verla? Ahora, aunque esté agotado, estoy feliz. —Sergio se acercó a su primo y lo abrazó—. Ha merecido la pena este viaje. Te quiero tío, nunca lo olvides. Gracias primo, por acompañarme y hacer mi sueño realidad.

      —Yo también te quiero, además eres mi mejor amigo, no tienes que agradecerme nada. Bueno, vamos a dejarnos de romanticismo y descansemos que tengo agujetas hasta en los ojos.  —Se sentaron en las camas—. Mañana sabrás todo de ella. Fíjate quien iba a decir que los sueños sí se hacen realidad. Venga, a dormir se ha dicho.

       El cansancio pronto hizo mella en ellos y se quedaron dormidos al instante.

       —Despierta tío, que es media mañana. Joder que lote de dormir nos hemos dado. Sergio, Sergio despierta ¡Estás helado! Primo despierta, primooo, ¡PRIMOOOO! —Gritaba Luis con desesperación, pues Sergio no se movía.

      —Olivia, Oliviaaaa. Ayúdame, mi primo, por favor, mi primo.

      Olivia estaba en la planta baja, sentada en el sillón cantando una nana y no le prestó atención.

      —Olivia estas aquí, ven por favor, mi primo no despierta y está muy frío. Te lo ruego, llama algún médico. Creo que está muerto. —Le suplicaba sin dejar de llorar.

      —Sshhh, calla. No grites, que vas a despertar a mi bebé. No ves que tranquilo está dormidito en mi regazo.

      —¿Quién es ese niño que tienes en tus brazos? —le preguntó el primo sorprendido, pues la noche anterior no lo vieron.

      —Mi hijo, mi pequeño, mira que feliz está acurrucado con su madre. Ahora vete que me lo vas a despertar.

      —Por favor, ayúdame, llama a alguien. ¡Mi primo, joder, creo que está muerto, haz algo por favor! —Ella sigue susurrando una nana.

      —Fuera de mi casa, fuera que despiertas a mi bebé, no ves como ya duerme por fin tranquilo junto a su madre. —Empezó a gritar como loca, Luis se asustó y salió a la calle pidiendo auxilio.

       —¡Socorro, socorro, ayúdenme! ¿Me escucha alguien? Necesito ayuda, mi primo… por favor ayuda —Corría y gritaba sin parar de correr-. ¡Socorro! Dios mío ayúdame, aquí no hay ni un alma.

        A lo lejos escucha una moto y haciéndo aspavientos con las manos y gritando, llama la atención del motorista.

        —¡Oígaaa! Aquí, señor ayúdeme. ¡Socorroo… ¡.

        —¡Santo Cielo! ¿Qué haces por estos parajes? ¿Qué te pasa joven? No deberías estar sólo por estos lugares. — Le preguntaba el hombre sorprendido a Luis.

       —Señor, mi primo, por favor ayúdeme, creo que está muerto.

       —¿Cómo que muerto? ¿Se ha caído a algún pozo ciego?

       —No, no. Él está allí en un chalet de la urbanización Pinoblanco, nos quedamos a dormir y ahora no despierta y está helado.

       —A ver joven, tranquilízate, debes estar confundido. Esa urbanización hace años está deshabitada. Y después de lo que pasó, nunca nadie ha vuelto a entrar en ella.

       —Sí, señor, seguro que es allí. Mi primo y yo vinimos de muy lejos, es una larga historia. Llegamos ayer y teníamos que ir al número tres. Allí nos esperaba Olivia y nos invitó a dormir, pues nos cogió la noche. Y al despertar mi primo no, no… —rompió a llorar de nuevo.

       —Es imposible, te he dicho que allí no vive nadie. Un momento, Olivia ¿Qué Olivia?  

       —Olivia Méndez la mujer que vive en Pinoblanco en el número tres.

       —Joven ¿Tú estás bien?¡ No sabes lo que estás diciendo! ¡Qué locura, santo cielo! Olivia Méndez murió hace veinte años.

       —No señor, no puede ser, ella está allí. Es una joven de veinticinco años. Acompáñeme y la verá, está con su bebé en el salón y mi primo está en la habitación de arriba. Por favor, ayúdeme. Parece dormido, está frío y no se despierta. Creo que está muerto.

       —Escúchame joven, que me tiembla hasta el flequillo al escucharte. Hace 20 años, allí vivía felizmente un matrimonio con su bebé de un año. Un día, el marido apareció muerto y la familia de él culpó a la esposa, pues él era de familia adinerada y ella una simple asistenta. Ella declaró que dos hombres entraron a robar y su marido les enfrentó y lo mataron. No encontraron huellas de nadie que no fuese Olivia. Nadie creyó que ella lo matase, pero no se pudo demostrar quien lo mató. La familia nunca aceptó a Olivia por ser humilde y la culparon para no dejarle nada, ni a ella, ni a su hijo Sergio. Tenían que vengar la muerte de su hijo buscando un culpable. Cuando vinieron a apresarla y le quitaron a su hijo, para entregarlo en adopción, ella enloqueció al perder todo lo que amaba, tanto a su marido como a su hijo.  Ya no le quedaba nada por lo que luchar, ni vivir y se mató en ese chalet antes de que se la llevaran detenida.

       —Olivia le dijo a mi primo, que su madre no lo abandonó por su voluntad, que las circunstancia la obligaron. ¡Ay, Dios mío! ¿No habrá matado ella a mi primo? Aunque mi primo no tiene ninguna marca de violencia, parece dormido y en paz. ¡Qué locura!

      —Desde ese fatídico día, cada noche se escucha el llanto y los gritos de ella por toda la urbanización, llamando a su hijo. Noche tras noche hasta ayer; esos gritos ponían la carne de gallina a todo el pueblo y era imposible dormir. Así, poco a poco todo el mundo se marchó de ese lugar maldito y embrujado. Ella se llamaba Olivia Méndez y tenía veinticinco años cuando murió. Su bebé de un año se llamaba Sergio, como su padre. 

       —¡No puede ser! Mi primo se llama Sergio. Él fue adoptado cuando tenía un año por mis tíos. Hace seis meses enfermó de cáncer y cada noche soñaba con el mismo sueño, donde veía ese chalet y esa mujer que lo llamaba por su nombre y le hablaba de su madre. Y mi primo quería saber, si ese sueño que se repetía cada noche era alguna pista de su pasado, por eso vinimos ayer aquí. Y ahora está muerto. —Entre sollozos Luis le confesó—. Esa mujer le dijo que esa era su casa, que él había nacido allí y que hoy estaría con su madre.

        —¡Ay hijo, tu primo vino en busca de la verdad de su pasado y la ha encontrado! ¿Sabes? Todos los vecinos, se preguntaban hoy en el pueblo que había pasado esta noche, que no se habían escuchado los gritos y llantos malditos, después de veinte años. Y tú me has dado la respuesta. —El motorista le contaba emocionado con los sucesos-. Tu primo debía estar más enfermo de lo que aparentaba y ha venido a morir a la casa donde nació y donde su madre lo ha estado esperando todos estos años. Ella se os ha aparecido con la misma edad que murió. Al saber que su hijo enfermó, a través de los sueños lo ha traído a su lado y a su casa.

       —Ahora que lo dice, me extrañó ver todo tan sucio y abandonado como de no vivir nadie en muchos años. Al acostarnos anoche sentí a mi primo relajado, me dijo que esa mujer le transmitía paz y confianza, como si la conociese. Se le notaba peor de salud, yo creí que era del cansancio. Ahora recuerdo que a su manera se despidió de mí. Mi primo, aunque me duela en el alma ha muerto feliz. Entonces, el bebé que Olivia mecía esta mañana en sus brazos ¿Cree que era mi primo?

       —Sí joven, me temo que sí, aunque parezca una locura. Después de veinte años, están juntos de nuevo y descansando en paz. Y el pueblo también podrá por fin dormir cada noche. Aunque te duela, piensa que tu primo está donde él quería, junto a sus raíces y junto al espíritu de su madre. Vamos joven, móntate en mi moto, vayamos a avisar a la guardia civil y a contarle al pueblo todo lo ocurrido. Ellos comprobaran si lo que creemos es cierto.

        Y así fue, como Luis acompañó a su querido primo a reunirse con su madre. Porque tras investigar todo, se corroboró que Sergio era el hijo de Olivia. Luis, aunque triste por la pérdida de su primo, tenía la satisfacción que Sergio no estaba sólo, lo cuidaba su madre con cariño.

 

                         

Publicado la semana 22. 30/05/2018
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