Semana
19
Charo Vela

La triste verdad (Cap. 1)

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    El ruido de un tren en movimiento a toda velocidad, recorría los parajes lejanos y solitarios de las montañas de Sierra Morena. Dos jóvenes viajan callados, observando el paisaje. De pronto, uno de ellos se dirige al maquinista, el otro lo acompaña con sigilo.

    —Buenas tardes, sr. maquinista, por favor –Sergio dirigiéndose al maquinista, le pregunta— ¿La estación que se ve al fondo, es la de Pueblanza?

    —Sí joven, es la siguiente que vamos a pasar –le contestó con amabilidad.

    —Gracias señor, es allí donde nos bajamos – le agradeció Luis, primo de Sergio.

    —Perdonad, pero debe haber un error —dijo el maquinista sorprendido— Ahí no tengo parada. 

    Los dos primos se miraron extrañados. ¿Cómo qué no paraba allí? Ellos debían bajarse sin remedio en ese andén. Miraron al conductor y le insistieron.

    —No puede ser señor, tenemos que bajar ahí. Por favor, tiene que pararnos. Venimos desde lejos y es allí justamente a dónde vamos. Es por una causa muy importante –le explicaba Luis— Mi primo trae bien anotado la dirección y es en la estación de Pueblanza donde debemos bajarnos. Por favor, se lo ruego señor.

     —Lo siento, pero hace varios años que esta estación no tiene parada. Nunca sube, ni baja nadie –el maquinista intrigado les preguntó— ¿Qué se os ha perdido a dos jóvenes como ustedes, por este inhóspito lugar? 

     —Es una larga historia señor, pero le ruego que nos deje bajar. Será rápido. Es de total prioridad a lo que vamos. Es muy importante para mí. Tiene que dejarnos bajar –dijo Sergio con tristeza en la mirada.

      El maquinista tras mirarlos con detenimiento y ver sus caras de preocupación. Resopló y decidó parar. “No voy a perder apenas un par de minutos, nadie se va a enterar, al fin y al cabo. Estos jóvenes podrán cumplir con lo que les trae por estos lugares”, pensó el maquinista.

      —Bueno, de acuerdo, pararé un instante, pero tenéis que bajar rápido. Chicos permitidme un consejo, andad con cuidado y evitar la noche por esa zona.  He escuchado algunas historias del lugar y no son muy agradables que digamos.

      —Gracias señor por su amabilidad, tendremos en cuenta su sugerencia –le contestó Sergio.

     El tren al llegar a la estación frenó y tras el silbido abrió sus puertas, Sergio y su primo, se bajaron en la solitaria estación. Un minuto después, el tren había arrancado y desaparecía de sus vistas.

     —Sergio ¿Has visto dónde estamos? ¿Inhóspito dice? Eso es poco, esto está abandonado y desierto, no se ve un alma –le interrogaba su primo Luis, un poco nervioso y asustado al ver el lugar— ¿No íbamos a una urbanización de chalets? ¿Dónde se supone que está el pueblo? ¡Ay, Dios! Venir desde tan lejos y aquí no hay nada, ni nadie.

      —No lo sé primo, yo también estoy sorprendido. Tendremos que andar y buscar. Vayamos hacia el norte a ver si vemos algo. Creo que alguien debe vivir por aquí.

      —Sergio ¿Qué habrá querido decir con lo de las historias del lugar? Primo, esto es una locura y no me está gustando nada, vámonos para casa tío. No sé por que, pero esto me da mala espina. 

     —Primo, ¡maldita sea! yo no te pedí que me acompañaras, fuiste tú el que se empeñó en venir y ahora te rajas. Ya estamos aquí y ahora te da miedo seguir adelante. ¿Qué puede pasarnos?  ¡Somos dos hombres! 

     —No se tío, me ha preocupado lo que ha dicho el maquinista y ver este desierto … ¿Y si estás equivocado? Estamos en medio de la nada.  Piensa donde nos hallamos, tan lejos y todo por un simple sueño.

      —No es simple, primo, ese sueño se repite cada noche. En el sale esta estación, el chalet número tres de Pinoblanco y una mujer joven que me llama por mi nombre y me habla de mi madre. Si quieres volverte lo entenderé, pero yo tengo que llegar hasta el final, a eso he venido y no me iré sin intentarlo al menos. Sé que es una locura, pero mi instinto me dice que siga adelante y eso haré con tu compañía o sólo. Es algo que tengo que hacer.

       —¡Tú ya tienes a tus padres, joder! Sergio mis tíos te adoran y han luchado por ti toda la vida ¿No tienes bastante? A ver para qué este viajecito. ¿No estará todo en tu cabeza? ¿Desde cuándo los sueños se hacen realidad?

       —Si primo, tú llevas razón me quieren y yo los adoro a ellos. Sin dudarlo son mis padres, me han dado todo lo que soy y lo que tengo en mis veintiún años. Pero ellos nunca me ocultaron que fui adoptado cuando tenía un año. Y siempre he pensado ¿Porque me abandonaron mis padres? No sé qué pudo pasar para que mi madre biológica me abandonara. ¿Cómo una madre puede dejar a su bebé? Además, no sé nada de mis raíces. Y desde que enfermé, los sueños son más nítidos y se repiten cada noche. Joder primo, esa espinita la tengo clavada y quiero sacarla. Necesito saber la verdad, saber de mis padres, necesito respuestas a las preguntas que tantos años han rondado mi cabeza ¿No harías tú lo mismo?

Continuará…

Publicado la semana 19. 10/05/2018
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