Semana
15
Charo Vela

Maldita borrasca

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Relato
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    La angustia y la sorpresa quedó palpable en la cara de los agentes. Tras horas de búsqueda por fin lo habían encontrado, aunque, no era exactamente lo que estaban buscando.

    Uno de los guardias, el cabo Ramírez, cogió el móvil e hizo una llamada.

    —Sargento, le informo que hemos encontrado un cuerpo sin vida, se hallaba entre el boscaje de la orilla del lago. –El cabo suspiró, nunca eran agradable estas situaciones—. Sin embargo, es una mujer, nuestro compañero todavía sigue desaparecido.

     —¿Una mujer? No tenemos ninguna denuncia de esa índole. —Exclamó el sargento sorprendido—. Dígame que datos me puede aportar sobre la víctima. ¿Qué características presenta?

     —Mujer blanca, de unos cuarenta años. Presenta magulladuras y picotazos de animales, podría llevar varios días muerta. Ya hemos avisado al forense.

     —Cabo, cuando se lleven el cuerpo de la mujer, seguid buscando a nuestro compañero. –Ordenó—. Infórmeme del avance de la investigación.

     Todo había ocurrido el día antes. Debido a las fuertes lluvias, el caudal del lago había crecido muchísmo, anegando un camping cercano a la orilla. Por la posición de algunas caravanas y la fuerza del agua, algunas se desplazaron peligrósamente hasta el lago. Dos de ellas se las llevó la fuerte corriente.

     En una, iba un matrimonio mayor, que no les dio tiempo a salir y tras varias maniobras, no consiguieron más que empeorar la situación y ser arrastrados.

     Una hora antes, habían avisado al 112 y a la patrulla de la guardia civil. Cuando llegaron, vieron que la situación se complicaba, pues no dejaba de llover y el lago seguía creciendo. Empezaron a evacuar a los turistas, poniéndolos a buen recaudo.

     Diego, un cabo de la guardia civil, vio como dentro de la caravana que se llevaba la corriente había gente, sin dudarlo se tiró al agua para intentar llevarlos a la orilla. Con esfuerzo sacó a la mujer y la acompaño hasta el borde. Después, repitió la misma operación con el hombre. Él era buen nadador, pero luchar contra la corriente lo dejaba exhausto.

     —Agente, por favor salve a nuestro perro. Se ha quedado solo en la caravana –le rogó la mujer nerviosa.

     A Diego ya no le quedaban fuerzas. No paraba de llover torrencialmente. Miró hacia la caravana y escucho al perro ladrar asustado. Haría un último esfuerzo y se tiró de nuevo al lago.

     Cuando estaba llegando a la caravana, la enérgica corriente lo empujó, dándose un fuerte golpe en la cabeza contra un tronco y varios objetos pesados, que bajaban con fuerza por el pantano. De pronto, el cuerpo de Diego desapareció arrastrado por el agua, ante la mirada inquietante de sus compañeros, que no pudieron hacer nada por socorrerlo.

    Habían pasado veinticuatro horas del fatal accidente. Ahora había dejado de llover. Las patrullas seguían buscándolo sin suerte. Era una zona frondosa y muy enfangada, lo que hacía más complicada la búsqueda. Un compañero divisó entre las brozas un cuerpo.

    —¡Ya lo hemos encontrado! —gritó.

    ¿Cuál sería la sorpresa de todos cuando vieron que era una mujer?

    Horas después, seguían buscando sin resultados. De repente, sonó el móvil del encargado de la búsqueda.

   —Dígame sargento –Contestó el cabo.

   —Cabo Ramírez ¿Alguna novedad sobre nuestro compañero?

   —Ninguna mi sargento, estamos bajando por la zona más caudalosa. Hemos rastreado varios kilómetros por la orilla sin novedad. Seguiremos un rato hasta que oscurezca del todo. ¿Señor se sabe algo de la víctima encontrada ayer?

   —Sí, acabamos de recibir el primer informe pericial del forense. La víctima presentaba una fuerte contusión en el cráneo. –El cabo lo escuchaba con atención—. Aunque, la causa de la muerte ha sido por ahogamiento. El golpe debió dejarla sin conocimiento y al caer al agua, la corriente la ahogó.

   —¿Se sabe cuál ha sido la causa del golpe?

   —Por la fuerza y la trayectoria, alguien la atacó y la tiró al lago. Lo raro, es que nadie ha denunciado la desaparición. Según los rasgos de la cara parece del Este. Debía de llevar veinticuatro horas muerta. Estamos preguntando por todas las cooperativas agrícolas que contratan a extranjeros, a ver si alguien la conocía. Mañana tendremos el informe completo y sabremos si hay pistas o restos del posible agresor.

   —Téngame informado sargento. Lo mismo le digo, si hay novedades sobre nuestro compañero le aviso. Buenas tardes.

    Cuando colgó sintió un escalofrío, no era por la humedad del terreno, sino de pena por esa pobre mujer. ¿Quién la habría matado y por qué?

    A la mañana siguiente, al alba, el operativo reanudó la búsqueda.

    Llevaban dos horas sin dejar de mirar entre los matojos, una barca rastreaba el lago. De pronto, alguien gritó: ¡Aquí, aquí! Eran los de la barcaza, enredado bajo unos troncos, en una hondonada del lago se encontraba nuestro compañero Diego, ahogado.

    Tras sacar el cadáver y llevarlo al tanatorio. Empezaron los preparativos para el funeral. Se pondría la capilla ardiente y sería tratado como un valiente de honor. Había perdido la vida salvando a los demás. Todos lloraban su muerte.

    —Cabo Ramírez, venga a mi oficina –ordenó el sargento—. Ha llegado el informe completo del forense y de los rastreadores.

    —Dígame sargento. ¿Se sabe quién es la joven? –preguntó mientras se sentaba frente al sargento.

    —Le infomaré por partes. El golpe se lo han dado con un hierro, alguien con bastante fuerza, podría ser el gato de un coche. Hemos encontrado a unos doscientos metros, huellas de ruedas en el barro y dos tipos de pisadas, unas de hombre y otras de la víctima. –El sargento seguía leyendo el informe—. Debieron forcejear, ella tenía restos de piel en sus uñas, de haberlo arañado al defenderse. Tras el golpe, la deslizó hacia el lago, pues había huellas de haberla arrastrado. La ropa de la joven, según sus etiquetas, es de Bielorrusia. En sus uñas, también se han encontrado restos de fresas, con lo que hemos deducido que debería estar trabajando en los viveros. Tras preguntar por varios, una chica rumana la ha reconocido. Nos cuenta que llevaba en España tres meses, que le ofrecieron un puesto de trabajo. La engañaron y la metieron en un club de alterne. A primero de mes se escapó y vino a trabajar en las fresas. Hace tres días, un ruso, la había venido a buscar, ella empezó a temblar asustada. Él la obligó a que lo acompañara y se la llevó en el coche. Su compañera achacó su ausencia a que la había convencido de volver con él. Por los datos que nos ha facilitado esta mujer, cabo Ramírez, tenemos sospechoso. Aquí tiene los datos, proceda a su detención. Comprobaremos su adn con los restos de piel, en las uñas de la víctima.

   —A la orden sargento. Ojalá sea caso resuelto y poder velar tranquilos a nuestro compañero Diego como se merece y también darle santa sepultura a esta pobre mujer.

 

P.D.: En honor al cabo de la Guardia Civil Diego Díaz, muerto al rescatar a personas atrapadas en un arroyo de Guillena.

Publicado la semana 15. 12/04/2018
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