Semana
13
Charo Vela

Castillo de naipes (Cap. 2)

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        -¡No puede ser! –Se había llevado la mano a la boca por la sorpresa y sus ojos brillaban aguántando las lágrimas- ¿Por qué iba a hacer eso? Él me contó que había heredado una buena cantidad al morir sus padres en un accidente y para olvidar todo ese dolor, se había venido a otra ciudad.

         -Nada de eso es cierto. Estoy aquí porque su hija está muy enferma, necesita un tratamiento muy costoso, sino morirá. Él se niega a ayudarla.

         -¿Tiene una hermana? –exclamó levántando la voz asombrada- Nunca me habló de ella. Creí que era hijo único.

         Damien negó con la cabeza y le entregó una foto donde se veía una mujer con dos niñas y Humbert.

         -No, tu marido no es hijo único, tiene un hermano menor. Además, dejó mujer y dos hijas, los abandonó cuando se fue a Orléans –Celine se levantó nerviosa de la cama. ¿Qué era aquella locura? Parecía una horrible pesadilla.

         -No puede ser, debe haber un error. ¿Cómo no me ha hablado nunca de ello? –las lágrimas comenzaron a bajar sin permiso por sus mejillas.

         -Su legítima mujer, tras mucho buscar lo ha encontrado, le ha pedido dinero y él se lo ha negado. –Damien le siguió pasando decenas de fotos, donde se veía al matrimonio con las dos hijas- Se ha cambiado de nombre, de casa y de ciudad. Y no digas que os habéis casado, porque él no tiene el divorcio.

          -Antes vivíamos en Orléans, pero me dijo que era necesario mudarnos para que los negocios crecieran. No estamos desposados, a veces le insinué que nos casáramos por Sofie y él siempre me decía que no creía en la iglesia, que el amor verdadero no necesita de papeles, que éramos felices así y no nos faltaba de nada.

          -Ahora necesito que me ayudes. No voy a haceros daño, no puedo. Le acabo de mandar un mensaje a tu marido, donde le digo que os tengo secuestradas, a cambio le pido el dinero que cuesta salvar a su hija.

          En ese instante, sonó el teléfono, era Humbert. Celine no dejaba de llorar, pese a que un nudo en la garganta la ahogaba, consiguió decir casi en un susurro.

         -Detective tengo que hablar con él –Exclamó con un suspiro ahogado, sin dejar de ojear las fotos- Esto es increible. Estas fotografías tienen que estar trucadas. Tiene que haber una explicación.       

         -Celine creeme, te prometo que lo que te he contado es la dura realidad. Además, no soy detective. –Le entregó su documento de identidad para que ella lo viese y lo miró asombrada- Soy Damien Cornett, el hermano pequeño de Edmond. Soy el tío de Sofie -Celine tuvo que sentarse, las piernas le temblaban y su acomodada vida se acababa de desboronar ante sus ojos, como un enorme castillo de naipes.

        Mientras, Damien descolgaba el incesante teléfono. Hizo un gesto a Celine para que estuviese en silencio y escuchase, puso el altavoz, para que ella escuchase la conversación.

        -Hola Edmond ¿cómo estás hermano? –Celine escuchaba atenta, con el corazón palpitante y el pulso acelerado.

       -Damien ¿Qué tontería es esa de que tienes a Celine y a Sofie secuestradas? Dime ahora mismo donde estás.

       -No, hasta que me ingreses el dinero que necesita tu hija para salvarse.

       -¡Ni se te ocurra hacerles daño o te mato! –gritó exasperado y nervioso.

       -Cuánto te altera pensar que puedo hacerle daño a Sofie y no te importa que Lousie se muera. Las dos son de tu sangre. –se escuchaba la respiración agitada al otro lado del teléfono-. Has estado huyendo de tus errores, ya es hora que des la cara y te enfrentes a tu pasado.

        -¿Sabes la vida de privilegios que tengo? ¿Crees qué la voy a cambiar por irme a un pueblo de mala muerte con una mujer sin aspiraciones? Estás loco hermanito –decía riendo a carcajadas, como un loco fuera de sí.

        Celine no podía creer lo que estaba escuchando. Al marido cariñoso y ejemplar que ella conocía, se le estaba cayendo la careta, dejando entrever a un hombre despiadado.

        -Engañaste a nuestros padres y a ellas las dejaste abandonadas, sin nada. Siempre has sido un ambicioso sin escrúpulos.

        -Yo sólo tomé lo que por herencia me pertenecía. Y a Marie le pedí el divorcio y me lo negó, ahora que no me venga con reclamos. No sé como me habéis encontrado, dime cuanto quieres y terminemos de una vez. Olvidaros de mí y ni se te ocurra descubrirme o te arrepentirás.

        -Si dentro de media hora, no has ingresado en la cuenta que te he dado, la cantidad que te he pedido, se lo contaré todo a Celine.

       Damien la miraba, le daba pena, no dejaba de llorar, ella no era culpable de nada. Pero no era justo que viviese engañada.

       -Primero quiero hablar con ella, escucharla si está bien –exigió.

      Damien le hizo seña a Celine y en voz baja le rogó que pensase en su sobrina que se moría. Ella asintió con la cabeza, tragó saliva y hablo al auricular.

      -Hola Humbert –hizo un esfuerzo enorme por no gritarle que lo sabía todo.

      -Cariño ¿estáis bien? ¿os han hecho daño? –preguntó alterado.

      -Estamos bien. ¿Qué está pasando Humbert?

      -Problemas con un negocio, ya sabes me tienen envidia. No te preocupes, en una hora estáis en casa. Lo estoy solucionando todo.

      Celine fue incapaz de contestarle que ella sí que iba a solucionarlo todo. No pensaba ni dejar morir a una pobre inocente, ni a vivir con un ser mentiroso y cruel. Su hija no se iba a criar con un padre sin sentimientos ni escrúpulos.

      Media hora más tarde, Damien informó a Celine que su hermano acababa de hacerle la transferencia. Su sobrina Lousie se salvaría.

     -Gracias Celine, mi sobrina vivirá gracias a tu ayuda. ¿Me dejas darle un beso a Sofie?

     -Sí, puedes dárselo. Quiero pedirte un favor. –le dijo mirándolo a los ojos- Necesito que me acompañes a la Gendarmería, quiero denunciar a tu hermano.

     -¿Estás segura? Tú eres feliz con él y vivís bien, lo podréis arreglar, además él cree que no sabes nada de su vida anterior.

     -El hombre con el que he vivido, ha sido una fabricada y estudiada mentira –lloraba si cesar- Gracias a ti por mostrarme al hombre sin sentimientos, despiadado y sin escrúpulos.

     Y juntos salieron hacia el coche. Los fuegos artificiales empezaban a explotar en esos momentos. “Mira mamá los fuegos”, le decia su hijita. Fuego lo que sentía ella en sus entrañas, por sentirse engañada tanto tiempo. Ocho años le había costado montar su enorme castillo de naipes, tan solo había bastado unos instantes, para desboronarlo. 

 FIN.

 

Publicado la semana 13. 28/03/2018
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