Semana
12
Charo Vela

Castillo de naipes (Cap 1)

Género
Relato
Ranking
1 80 0

      Hacían seis años que se habían casado y la vida les había regalado una niña preciosa. Se habían conocido un año antes, Humbert era un hombre de negocios y necesitó una intérprete para un cliente italiano y contrató a Celine. Nada más verla le gustó su porte elegante, su cuerpo esbelo y su trato educado. A partir de ese día, empezaron a verse y nació entre ellos una bonita relación que culminó en boda.   

      En estos años de matrimonio, Celine se describía como una mujer felizmente casada con un potente hombre de negocios fructíferos. Vivían escandalósamente bien.  

      Ese fin de semana, su marido tenía una importante reunión en otra ciudad no volvía hasta el día siguiente por la tarde. Así, que decidió irse de excursión con su princesa.

      Toc, toc, toc. El sonido de alguien llamando a la puerta, las hizo permanecer en silencio unos segundos. Toc, toc. Volvían a tocar. Celine se dirigió a la puerta, su hija Sofie, de cinco años, la seguía de cerca.

      -Sí, ¿Dígame? –preguntó en voz alta, tras la puerta, sin llegar a abrir.

      -Señora Brodeur, soy Damien, abramé por favor. Traígo un mensaje para su marido Humbert. Es muy importante.

      Celine, escuchó la voz masculina que le hablaba. Pese a hablar en un francés bien pronunciado, por su acento se podía corroborar que era de otra región. Le pareció un poco raro que la localizace allí, debía haberle informado su marido. Se inquietó. No obstante, sabía sus nombres y dónde estaban. Miró el móvil para comprobar si tenía mensajes de su marido. El buzón estaba vacío y sabía que no debía molestarlo.

       Estaba en un hotel público y nada tenía que temer, pues no llevaba una cantidad grande de dinero ni joyas. Con reservas abrió un poco la puerta. Era un hombre joven de unos treinta años, alto, moreno, bien arreglado y tenía un sobre grande en la mano.

        -Mi marido no se encuentra. Dígame lo que le urge –le explicó mirándolo a los ojos y con la puerta a medio abrir.

        De pronto, el joven empujó levemente la puerta y Celine notó algo duro en su costado derecho. La estaba apuntando con una Glock 17. 

        -¡Por favor, no nos haga daño! –dijo con un nudo en la garganta y temblando. Su hija estaba escondida tras ella entre sus piernas, ajena al peligro que les acechaba- dígame lo que quiere y se lo daré.

        -Si no grita, no tiene nada que temer, sólo quiero que me escuches. –Cerró la puerta tras él y le indicó que se sentasen en la cama de la habitación. Él se sentó en una silla, junto a una mesa pequeña. Se guardó la pistola y empezó a abrir el sobre- Llevo varios días observándolas y ha llegado el momento de que sepa la verdad.

        Celine hizo lo que le ordenó, abrazó a su hija que estaba asustada. Damien la miró, era una mujer elegante, alta y guapa, de unos treinta y cinco años, se le notaba que tenía clase.

        En esos momentos, Celine sentía rabia por haber sido tan confiada. Cuando su marido se enterase le echaría una bronca tremenda. Habían llegado por la mañana desde Lyon hasta Pérouges, un lindo pueblo medieval que estaba en fiestas. Ella recordaba cuando sus padres, la llevaban de pequeña y se quedaban el fin de semana. Así, que había decidido llevar a su hijita, pasarían allí la noche, para ver los bonitos fuegos artificiales y los juegos y bailes tradicionales, volverían al día siguiente a la ciudad. Su marido había accedido a que viajaran y disfrutaran.

         Y ahora, se encontraba en aquél pueblo, asustadas y encerradas en una habitación del hotel con un hombre armado. Sus ojos se le humedecieron y con voz entrecortada le dijo:

         -¿Qué quiere de nosotras? No tengo dinero ni joyas.

         -Primero escúchame con atención y después harás lo que le diga.

         Celine le miró, acurrucó a su hija en la cama y le dijo que descansara, que en un rato bajarían a la feria. Con un gesto, insto a Damien que hablase, ella le escuchaba nerviosa.

         -Hace unos diez años en la ciudad de Rennes, vivía un matrimonio con empresas. Su hijo con malas tretas, hizo un desfalco que llevó casi a la ruina a sus padres. Siempre había sido un chico problemático, creyeron que dándole la responsabilidad de los negocios se enmendaría, resulto todo lo contrario.

        -Pero señor ¿Qué tiene que ver eso con nosotros? Mi hija está asustada, por favor, hemos venido a ver la fiesta –le rogaba con voz asustada- déjenos marchar.

        -Calla y escúchame, entenderás lo que te estoy contando. Mira esta foto –le entregó una foto dónde estaban dos hombres y una mujer. Celine al verla reconoció a su marido.

        -¿Quiénes son las personas que están con Humbert?

        -Son sus padres, los abuelos de Sofie –le confesó el joven.

        -Nunca los conocí, murieron hace muchos años. Antes de conocernos nosotros.

        -Ese hombre desfalcó a sus padres, cogió todo el dinero y se marchó a otra ciudad, para emprender solo una nueva vida. Sus padres decidieron no denunciarlo, era su hijo, ¿cómo iban a delatarlo? El padre cayó en una gran depresión y dos años después murió por tanto sufrimiento y por no poder solventar las penurias en las que les dejó su hijo. La madre luchó por vivir, aunque desde hace unos años, padece de Alzhéimer, creo que la pobre ha perdido la cabeza, para no recordar tanto dolor como le ha causado su hijo. Ese hombre que los traicionó es Humbert Brodeur. Tu marido te mintió, su verdadero nombre es Edmond Cornett.

CONTINUARÁ...

Publicado la semana 12. 21/03/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter