Semana
05
Charlies

EL ASCENSOR (II)

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Relato
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Saca un pañuelo del bolsillo y se seca la frente, está sudando, se siente incómodo. Hace el amago de aflojarse la corbata, pero ni loco, en cambio se la ajusta mejor. Con el pañuelo aún en la mano, mira otra vez los reflejos e instintivamente se fija en el fondo. Algo no le cuadra. Es el pañuelo, el último, el que no sonreía, no tiene el pañuelo en la mano. Lo agita suave y se agitan al mismo tiempo los demás, el último reflejo permanece quieto. Se miran. Un fuerte crujido hace que levante la vista y se fije en el número de planta por el que va. Catorce. Se detiene. Joder, suelta desesperado, “el idiota de la octava”. La puerta se abre. Se sorprende al ver la planta; nunca ha subido allí, pero no sabía que estaba vacía, es más, conoce compañeros que trabajan ahí. No hay nadie ni nada. Solo suelo y paredes grises que terminan en un techo de escayola con luminarias distribuidas de forma regular. Las luces están encendidas y parpadean ligeramente. Va a volver a pulsar, pero no es necesario, las puertas comienzan a cerrarse, y ese número que tanto le obsesiona está iluminado, indicando el próximo destino. Una mano aparece en el último segundo con la intención de detener la puerta, alcanza a verla por la apertura entre las hojas, pero no llega a tiempo y desaparece.
“Qué le den”.
Algo en esa mano le ha extrañado, se mira la suya; por el puño de la camisa asoma un poco su reloj plateado.
“Tiene buen gusto”.
Se está empezando a inquietar, ¿qué ocurre? Si vuelve a pararse terminará llegando tarde, y sería inaceptable. Cierra los puños con rabia. Decide no mirar ni la botonera ni los espejos, no se fía.
Se le pasa por la cabeza que quizá debería haber subido por las escaleras, pero sería una verdadera locura. ¿Cuántos peldaños habrá? Ni lo sabe ni le importa, sean los que sean son demasiados, la única forma de pisar esas escaleras sería huyendo de un incendio o un terremoto, y en esos casos no se imagina contando peldaños.
Lleva demasiado tiempo. Impaciente mira el número de planta, y el corazón le da un vuelco. Una… B, se detiene. 
“¿Qué coño está pasando?”
Mira al fondo del espejo, como esperando encontrar allí la respuesta. El otro, el reflejo está sonriendo.
“¿Se está burlando?” “Se burla”. 
La puerta se abre. Aguanta la respiración, como el que espera algún peligro al otro lado. Pero todo en la planta baja parece normal. Al fondo, cerca de la salida, en la  recepción están las mismas personas que vio al entrar. Sin embargo, hay algo que le extraña, a esa hora la planta baja y el ascensor deberían estar bastante más animados.
“Ojalá viniese alguien que subiese conmigo. Con el idiota de la octava el ascensor iba normal”.
Despacio, intentando calmarse, pulsa de nuevo el botón, suplicándole que esta si sea la definitiva. Dirige una última mirada a la recepción. Por la puerta está entrando alguien, delgado, alto y con traje gris, aunque no consigue verlo bien antes de que el ascensor se cierre, se queda frío, helado.
“No puede ser”. “¡Joder! Vaya paranoia me está entrando”. 
El ascensor vuelve a ponerse en marcha. Todo bien, parece. 
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho…
¡Joder! 

 

Publicado la semana 5. 04/02/2018
Etiquetas
Relatos , Miedo, Terror , En cualquier momento
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