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Charlies

MUERTE ON THE ROCKS

Era madrugada, F había llamado a M pidiéndole que fuese a su casa, necesitaba hablar con él, y como siempre M no desaprovechó la oportunidad de disfrutar de la hospitalidad de F, sobre todo de su preciado bar. Después de un buen rato de charla sentados en el sofá, F le había comentado que estaba en un apuro, tenía que hacer algo que perjudicaría a alguien a quien apreciaba, y no se atrevía.  

—No deberías preocuparte tanto. Dale menos importancia a las cosas —M hablaba mirando la copa que tenía en la mano—. Está jodidamente bueno este whisky. Me encanta venir a tu casa. ¿De verdad que no quieres beber hoy? Te vendrá bien —Ahora miraba a F, que negó con la cabeza. Aunque estaba sentado a su lado, parecía encontrarse a años luz.

—Ojalá pudiera darle menos importancia de la que tiene —respondió F sin mirarlo a la cara.

—Si contaras lo que te ha pasado, quizá podría ayudarte.

—Créeme, no puedes, solo tengo dos opciones: O lo dejo pasar como he hecho tantas veces, o corto por lo sano, y créeme, no se me apetece seguir dejándolo, ya está bien de hacer el gilipollas, pero... pero en este caso cortar por lo sano no es tan fácil.

—No sé que será, pero haz lo que tengas que hacer, sin miedo. Hazme caso, no es tan difícil.

—Haré daño a gente que aprecio.

—Piensa en ti de una puñetera vez, deja de preocuparte por los demás, al final siempre pierdes tú.

—Es fácil decirlo.

—Y hacerlo. Dramatizas demasiado, hazlo y punto.

—No duermo desde hace días, no hago otra cosa que darle vueltas. Creo que solo me falta el empujón necesario.

—Ah, y aquí es donde entro yo, ¿para eso me has hecho venir esta noche, para empujarte?

Se quedaron mirándose un momento, M con una sonrisa de autosuficiencia, F con los ojos rojos.

—Sí. Gracias por venir. —F se levantó y se dirigió a la cocina, que estaba separada del salón por una barra americana. Abrió el cajón de los cubiertos; el tintineo metálico se mezcló con el de los hielo contra el cristal, M se estaba sirviendo otra copa.

—Está de muerte este Whisky, eres todo un sibarita, tío. Por cierto, ¿Cuántas me he tomado? estoy muy mareado. La he cogido gorda.

Miraba aturdido como el líquido dorado oscuro bailaba alrededor de los hielos, y distorsionado en un caprichoso mosaico veía: la cocina, su cara, y a su amigo de pie justo detrás. Las palabras le llegaron como un chorro de agua frío sobre la cabeza, sacudiendo por un instante aquel estado opiáceo, estremeciéndolo.

—Sí, el whisky está de muerte.

 

Publicado la semana 47. 25/11/2018
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Microrrelatos , En cualquier momento
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