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Charlies

CRISÁLIDAS DE PLÁSTICO

Mirando a mi hija juguetear con otros niños en el barro de este inmenso campo sembrado de hogares de plástico, mirando a mi gente hacinada como un rebaño, me acuerdo de mi niñez, y la triste diferencia.

Cerca de donde vivía, pasaba un riachuelo. Allí íbamos a jugar todos los niños del pueblo. En primavera, la orilla del rio se volvía preciosa. A mí me encantaba sentarme allí y ver las mariposas, me parecían pequeñas flores volando. Me fascinaban. Recuerdo el día en que mi padre me contó, que antes de ser tan bonitas, eran orugas. Me pareció increíble y le pregunté cómo podía una oruga convertirse en mariposa. Me dijo: A través de la metamorfosis. Llega un momento en que la oruga cumple un ciclo de su vida y sola se cubre con una pequeña funda que ella misma produce, “crisálida” se llama. Esa funda la protege durante la transformación. Cuando pasa a ser una mariposa, rompe la crisálida y echa a volar. Es un verdadero prodigio de la naturaleza. Si te fijas bien, puedes ver las crisálidas colgando escondidas entre el follaje.

Sentado, mirando a mi niña jugar feliz en medio de este infierno, no puedo dejar de pensar en el parecido y diferencia de nosotros y las orugas. En la metamorfosis que sufrirá mi niña. Algún día, la vida romperá su crisálida, pero al contrario que las mariposas ella dejará de volar.

He visto a una mujer salir de una caseta de plástico blanco sucio; iba cabizbaja, llorando. He mirado la mía, del mismo color y la misma suciedad, he vuelto a mirar a la mujer y a mi hija, y a sus amigos, y a las demás casetas que lo cubren todo, y me he estremecido.

Publicado la semana 46. 18/11/2018
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